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Opinión

Selección por mérito

Alejandro Mege Valdebenito.


 Por La Tribuna

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El sistema educativo es el laboratorio de experimentación en el que se dan cita las más variadas visiones, expresiones e intereses presentes en la sociedad, donde los estudiantes y profesores son los sujetos a quienes se les suele adjudicar la responsabilidad, aunque no participen en la elaboración de las políticas educativas,  de los deficientes resultados  escolares producto de las reformas que se suceden al ritmo de los  gobiernos de turno y la orientación que cada uno le imprima, situación que ocurre con la reforma vigente, criticada por la actual administración que prefiere la admisión a un sistema escolar de calidad por mérito, aun cuando investigaciones como la del Centro de Justicia Educacional de la Universidad Católica y Unicef sostienen que el actual Sistema de Admisión Escolar no ha perjudicado a ningún grupo de estudiantes en comparación con la postulación de los últimos tres años previos a su implementación, con un leve aumento de la cantidad de estudiantes que acceden a colegios de calidad. Estudio que la ministra del ramo rechaza. Así las cosas, está claro que en la confrontación de posiciones subyace el objetivo que se asigna a la educación: una educación universal con fuerte sentido social, o una educación individualista para formar una elite orientada hacia el mercado y el consumo. 

El Sistema de Admisión Escolar, vigente hace apenas tres años en algunas regiones del país – siendo un proceso aún en marcha – el actual gobierno, que no lo comparte, ha propuesto en su reemplazo el proyecto Admisión Justa, basado en el mérito académico de los alumnos, desatando una ola de discusiones en favor o en contra del cambio que se pretende, sazonado por  el periplo que, con pertinacia, la ministra del ramo ha realizado por el país para difundir lo que, a juicio  del Gobierno, son las bondades de la ley que se propone y que ha recibido el rechazo de amplios sectores de la vida nacional, calificada de fomentar la segregación y la exclusión, congregando a los estudiantes meritorios en establecimientos educacionales de altas exigencias y aquellos estudiantes que no alcanzan esa condición a escuelas con baja calidad educativa, que son las que menos importan cuando los estudiantes meritorios tienen el futuro educativo asegurado (bien por ellos; más, qué se ofrece a la gran mayoría de estudiantes que no alcanzan el mérito necesario), olvidando que los seres humanos son productos de las circunstancias y del medio que los modela en todo su ser de una determinada manera, condición que la educación puede contribuir a cambiar y mejorar, ya que el mérito es una condición que no depende sólo de las condiciones personales ni el esfuerzo individual; requiere de un entorno y un ambiente propicio y motivador que, en nuestra sociedad, no todos tienen.

Si se acepta que la educación es la base en que se sustenta todo sistema democrático, una verdadera democracia se expresa en la atención de la diversidad humana y no en su exclusión. Principio que no debiera ser transable para ningún gobierno que se declare democrático.

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