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Opinión

?No hay desarrollo sin felicidad?

Francisco Javier Díaz Pincheira, psicólogo organizacional, Magíster en Recursos Humanos y Habilidad Directivas, Universidad de Concepción.


 Por La Tribuna

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“No hay desarrollo sin felicidad” es la frase que emitió el ex presidente uruguayo José Mujica en el marco de la conferencia Río+20 realizada en Brasil el año 2012, refiriéndose estrictamente a la cuestión medioambiental, su exposición fue una de las más recordada y terminó señalando “No venimos al planeta para desarrollarnos solamente. Venimos al planeta para ser felices, para amar la tierra, para cultivar las amistades y para cuidar de nuestros hijos, porque eso son los tesoros más grandes que tenemos y ningún bien vale tanto como la vida”. Esta misma idea es lo que ha venido señalando la ONU desde el año 2012 quien gracias a una iniciativa del Reino de Bután, que mide la Felicidad Nacional Bruta en vez del Producto Interior Bruto, proclamó el 20 de marzo como el Día Internacional de la Felicidad, esto para reconocer la relevancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales de los seres humanos y la importancia de su inclusión en las políticas de gobierno, ya que durante muchos años los estados se han preocupado del bienestar económico pero han dejado de lado el bienestar más subjetivo y emocional de sus ciudadanos. Sabemos entonces que la felicidad es una aspiración universal de todos los seres humanos y que en cada momento de nuestro vida tratamos de alcanzarla, sin embargo hemos creído que  la felicidad depende de factores externos tales como nuestro nivel educativo, el dinero que dispongamos, nuestra belleza física, nuestro tipo trabajo o  simplemente en el lugar en que vivimos, sin embargo las variadas investigaciones que se han suscitado en el área tratando encontrar que nos hace felices han descubierto que la felicidad simplemente es personal y más que una aspiración es una decisión.

Sonja Lyubomirsky una destacada investigadora estadounidense en  ámbitos de felicidad señala que los genes marcan la línea base de la felicidad de una persona, y predicen hasta un 50 por ciento de esta, un 10% dependerá de lo que se llaman las circunstancias vitales, como, por ejemplo, el estado civil, el nivel socioeconómico, o la experiencia de problemas o experiencias traumáticas. Mientras que el otro 40% se refiere a nuestros actos deliberados, lo que decidimos hacer con nuestra vida, aquellas actividades que nosotros mismo propiciamos para ser más felices, por lo que es enormemente reconfortante pensar que nuestra felicidad depende de nosotros mismos en gran medida, estimada en un 40 por ciento.

Igualmente, en los últimos años hemos extrapolado los estudios de felicidad al ámbito laboral y esto por varias razones, pero principalmente porque pasamos la mayor parte del tiempo en nuestro lugar de trabajo y es común escuchar a los trabajadores quejarse de las condiciones físicas y emocionales de su lugar de trabajo, sumado esto a que contamos con altos niveles de estrés laboral en nuestro país. De hecho, promover la felicidad de los empleados ayuda a que las emociones positivas actúen como un antídoto frente a las emociones negativas, por lo que si el trabajador aprende a incrementar niveles de emoción positiva se siente menos estresado aumentado sus conductas prosociales, tales como la cooperación y solidaridad; con compañeros de trabajo, jefes y clientes. En vista de esto se han identificado ocho elementos que promueven la felicidad en el trabajo, esto son: desarrollo personal, reconocimiento y respeto, buen ambiente de trabajo, objetivos claros, equilibrio trabajo-familia, influencia y apoyo de jefes, compromiso con la organización y estabilidad laboral. Finalmente hay que señalar que aunque la felicidad en el lugar de trabajo pareciera ser utópico, debemos creer en que esto se puede lograr, porque las empresas tiene las responsabilidad de generar todas las condiciones para que sus trabajadores sean felices, siendo los lideres los primeros llamados a generar estos cambios y no pensando en aumentar sus niveles de productividad, ya que también está comprobado que un trabajador feliz rinde más, sino simplemente porque la felicidad es un derecho humano que está basada en el respeto mutuo, la satisfacción con mi propia vida y la simple decisión de querer ser feliz.

 

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