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Opinión

Las mujeres en la familia

María Elisa Neumann Vásquez, Psicóloga clínica y académica Facultad de Psicología  Universidad San Sebastián .                                                                                                                                                               


 Por La Tribuna

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 La invitación es a mirar las ideas y prácticas de base con que estamos construyendo familia y, desde ahí, observar  cómo nos relacionamos con los demás en nuestro ámbito familiar, desde nuestra subjetividad de ser mujer / ser hombre y preguntarnos si esta forma de relacionarnos tiene que ver con un estereotipo de género.

Esta semana se conmemora el Día Internacional de la Mujer. En ese contexto, quisiera reflexionar acerca de la situación de las mujeres en el ámbito familiar.  Desde el punto de vista social, la institución familiar se constituye como una de las principales sostenedoras y reproductoras de la estructura patriarcal. 

Al revisar la situación actual de las mujeres en la familia, el diagnóstico no es para nada alentador: en primer lugar constatamos que los niveles de los distintos tipos de violencia que viven las mujeres y niñas en el ámbito familiar son alarmantes.  

En relación a las estadísticas, la tendencia histórica de los últimos 10 años indica que sobre el 80% de las víctimas de violencia intrafamiliar (VIF) son mujeres (Fuente: Centro de Estudios y Análisis del Delito. Subsecretaria de Prevención del Delito, en Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, 2018).

En segundo lugar, asociado a la vida cotidiana familiar, encontramos que aún persisten profundas desigualdades asociadas a la distribución del trabajo doméstico y las labores de la crianza, que implican invisibilizar  el aporte de las mujeres en el trabajo no remunerado, en labores que son desvalorizadas y que implican una doble o triple jornada de trabajo.  En todas estas condiciones, encontraremos aquellas claves que nos permiten comprender la relación que existe con el malestar de las mujeres, que se visibiliza con mayor fuerza en el espacio público y al que se ha dado mayor cobertura mediática en los últimos meses. 

En la vida cotidiana están encerrados e invisibilizados los temas más profundos y complejos: el poder, las delegaciones, los estereotipos, las sub y sobrevaloraciones, las desigualdades, las “naturalizaciones”. 

La invitación es a mirar las ideas y prácticas de base con que estamos construyendo familia y, desde ahí, observar  cómo nos relacionamos con los demás en nuestro ámbito familiar, desde nuestra subjetividad de ser mujer / ser hombre y preguntarnos si esta forma de relacionarnos tiene que ver con un estereotipo de género (la explicación que señala que algo es natural, porque es mujer, porque es hombre).  A partir de esta pregunta, que nos abre a reflexionar y a repensar las ideas tradicionales, basadas en una visión patriarcal, la invitación es a explorar nuevas formas de relacionarnos, basadas en el aprecio y valoración profunda y mutua de las diferencias. 

Generando espacios de reflexión en la familia acerca de estos lugares que cada una y cada uno ocupa dentro de la configuración familiar, podremos contribuir en la construcción de cambios profundos que se requieren a nivel social, para erradicar la violencia estructural, generando nuevas formas de relacionarnos.

Más que celebrar este 8 de marzo, recordemos que esta fecha tiene un carácter de reivindicación.  Les invito pues, a reflexionar sobre la situación de las mujeres en la familia y a involucrarse activamente en construir los cambios que se requieren, para que todas y todos podamos vivir en condiciones de bienestar y pleno goce de derechos.

 

 

 

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