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Opinión

El quid del asunto

Prof. Juan Manuel Bustamante Michel, presidente de la AFDEM Los Ángeles


 Por La Tribuna

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La existencia, aún, de la denominada “deuda histórica” que afecta a los profesores, es la más clara evidencia –¡qué duda cabe!– de que la relación tenida por el Estado de Chile con estos profesionales ha sido de suyo asimétrico / contingente, es decir, “autoritaria” en el más profundo sentido del término, basada –como es de entender– en el ejercicio del poder a ultranza, deuda que a la vez ha servido de caballito de batalla, rayando en la inmoralidad, incluso, en una multiplicidad de contiendas electorales tanto para izquierdistas, como para centristas y derechistas, sin que finalmente se haya hecho justicia como tenía que ser.

Desde luego, atendido este ignominioso hecho, quiero recordarles a las autoridades de todos los niveles del Estado, a los gremialistas y a nuestros connacionales comunes y corrientes, que los profesores han sido presidentes de la República, parlamentarios, ministros de Estado, intendentes, cores, seremis, gobernadores, alcaldes, concejales, jueces de policía local, jueces de paz; fundadores, académicos y rectores de instituciones de educación superior; fundadores de cuanto establecimiento de enseñanza escolar público o privado haya sido posible y colaboradores con los sistemas educativos de muchos países latinoamericanos y europeos; así como han llevado, y a mucha honra, el nombre de nuestro país –en las personas de Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Nicanor Parra– a las más altas esferas de la intelectualidad planetaria, situándolo en posiciones de privilegio en las más reconocidas y prestigiosas universidades de todo el orbe.

Con todo, finalmente, quiero recordarles que no existe rincón geográfico, ni espacio social, ni histórico, ni cultural en este país, donde no esté presente la figura creativa, orientadora y amiga de un profesor, porque, se les reconozca o no, los educadores han sido, son y seguirán siendo para todos –además de pedagogos, escritores, pintores, escultores, músicos, bailarines, folcloristas, artesanos y soñadores–, psicólogos, sociólogos, antropólogos, arqueólogos, museólogos, trabajadores sociales, enfermeros, juristas y hasta filósofos allí donde ha sido necesario;  ello, además de consejeros, orientadores y apoyo en los momentos en que las personas lo han requerido, como también padres sustitutos y guías espirituales e intelectuales para tantísimos compatriotas), ya por su profundo compromiso social, o por su condición de religiosos, religiosas, diáconos, sacerdotes, pastores o dignatarios masónicos, según lo acusa, y en buena hora, nuestra realidad cotidiana.

Cuando los recursos públicos están siendo desviados hacia otros fines para los cuales no fueron destinados, cuando las diferencias de sueldos entre docentes activos y pasivos son francamente vergonzosas, cuando en el propio servicio público existen situaciones de privilegio que en desmedro de otros rayan en la iniquidad, bueno sería saldar en justicia la deuda que se tiene con los profesores, habida consideración de lo que ha sido y es su aporte a la sociedad.

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