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Opinión

Santo y seña

Max Colodro, director del Magíster en Comunicación Política y Asuntos Públicos Universidad Adolfo Ibáñez.


 Por La Tribuna

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 Sin duda, la decisión será un hito en el perfilamiento político del Frente Amplio, una marca que sus líderes llevarán en la frente y que expondrá mucho de su sentido y verdadera identidad.

Se suponía que el acuerdo para repartirse los cargos en la Cámara de Diputados era solo ‘administrativo’, pero ahora el Frente Amplio exige a la DC y al PR actuar como un bloque político. Una candidata a presidir Revolución Democrática -principal partido del conglomerado- dice que aspira a derrotar primero a la ex Nueva Mayoría y después a la derecha, pero sus parlamentarios critican la ausencia de ‘unidad’ opositora frente a las iniciativas del gobierno. Son desafíos a la lógica elemental que, en el fondo, solo se explican por una clara inconsistencia: la ilusión de que principios supuestamente intransables pueden servir incluso para justificar el reparto de cargos con aquellos a los que se pretende derrotar.

Pero esta vez no se podrá salir del impasse amenazando con una acusación constitucional u ofreciendo disculpas por algún exabrupto, ya que fueron ellos mismos los que fijaron el límite y el estándar para su última ‘convicción’: en la Cámara de Diputados la mayoría opositora dejó de existir y, en estas circunstancias, no están dispuestos a mantener un pacto de gobernabilidad con los que han contribuido a ello. Fijaron también el día y el procedimiento: mañana lunes se reunirán para notificar al país cuánto pesa realmente dicha convicción; ratificando su decisión de no mantener un pacto con sectores que dinamitaron la mayoría opositora o, iniciando una cantinflesca opereta de explicaciones para justificar el seguir gobernando la corporación con los ‘colaboracionistas’ de la derecha.

Sin duda, la decisión será un hito en el perfilamiento político del Frente Amplio, una marca que sus líderes llevarán en la frente y que expondrá mucho de su sentido y verdadera identidad. En los hechos, la salida de la encrucijada en la que ellos mismos se encerraron, cumplir con la palabra empeñada y seguir en un acuerdo administrativo con sectores que, en su opinión, abandonaron las filas opositoras o, confirmar que las condiciones políticas de ese pacto dejaron de existir, tendrá implicancias decisivas en el corto y mediano plazo.

En rigor, cualquiera sea la decisión que tomen, esta vez los costos políticos serán altos. No es gratis amenazar con incumplir un acuerdo en base a convicciones, para terminar después vendiéndolas en función de los beneficios que supone mantenerlo. A su vez, renegar de un compromiso adquirido los convierte en un actor poco o nada confiable, con el que a futuro se hará difícil y riesgoso construir cualquier tipo de acercamiento. La pretensión de condicionar la existencia de un pacto de gobernabilidad a que los demás integrantes dejen de votar los proyectos de ley según sus propias convicciones, supone una mirada de la política que, en los hechos, vuelve inviable toda posibilidad de una auténtica y regulada transacción.

En fin, el plazo autoimpuesto para develar cuánto valen los principios y las convicciones del Frente Amplio vence mañana. Salvo que el imperativo de una definición termine siendo también objeto de una transacción interna, con lo cual la duda sobre el real sustento de sus definiciones empezará a aclararse por sí misma.

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