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Opinión

Como cada 20 de enero: lo que podemos aprender

Dicen que la fe mueve montañas, y eso es algo que saltaba a la vista en cada una de las conversaciones que logré tener con los feligreses.


 Por La Tribuna

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Ignacio Fica 

Gobernador Provincia de Biobío.

San Sebastián es el santo de nuestra región. Ninguna festividad religiosa congrega tantas personas a lo largo de Chile, en una tradición que se mantiene viva, con creyentes que demuestran su fe ante uno de los personajes más emblemáticos con respecto a ello en el cristianismo.

Él eligió seguir a Cristo. Por esto un emperador lo amenazó de muerte, pero el santo se mantuvo firme en su fe. Lo ataron a un poste y le lanzaron una lluvia de flechas para cumplir la pena capital, aunque sobrevivió a las heridas sin que sus verdugos se percataran.

Tras recuperarse se presentó ante un emperador perplejo, ya que lo daba por muerto, y le reprochó enérgicamente su conducta por perseguir a los cristianos. Esto le costó finalmente la vida, ya que en aquella ocasión sí se aseguraron de quitársela ante tal osadía.

Para algunos estas historias de fe les pueden resultar incluso hasta sin sentido, pero en el mundo cristiano lo único que tiene sentido es la fe. Eso es algo que pude volver a comprobar estando este mismo domingo en Yumbel, entre cientos de miles de personas que eran testigos una vez más, como cada 20 de enero, del fervor con el que muchos como ellos llegan hasta la comuna santuario para rendir tributo a este noble personaje de nuestra historia.

El mundo católico es importante para nuestra sociedad mundial, latinoamericana, nacional y por supuesto de nuestra provincia de Biobío, donde muchos ponen cada día sus vidas en las manos de Dios y en nombre de Cristo, algo que ha resaltado nuestro Presidente Piñera también.

Dicen que la fe mueve montañas, y eso es algo que saltaba a la vista en cada una de las conversaciones que logré tener con los feligreses. Venían desde lejos, caminando muchos de ellos, largas distancias, yo les pude acompañar en algunos momentos. No estaban cansados, estaban felices. Había algo más allá que les movía. Eso decían, pero no era difícil creerlo con solo ver sus rostros.

La esperanza es algo directamente relacionado con la fe. Es algo que por supuesto ninguno de nosotros debe carecer al momento de enfrentar algún desafío. Debemos tener la capacidad de ser positivos y crear buenos ambientes. Este domingo en Yumbel se respiraba aquello. Todo alrededor generaba una buena sensación.

Lo que hago con estas palabras no es tratar de convocar a una creencia en particular, sino que a rescatar las cualidades universales que podemos ver en todas las colectividades que son parte de nuestra sociedad. El llamado es siempre al respeto y al entendimiento, a que podamos expresar nuestra fe y con esto ser honestos con lo que somos. San Sebastián demuestra ser un ejemplo de aquella valentía y mucho más.

Y sin duda, lo que más debo resaltar de todo lo que provoca el participar de una festividad como lo vivido en Yumbel, es ser testigo de lo trascendental y significativo que resulta el dar las gracias. Dar las gracias a Dios, a quienes amamos, a quienes nos rodean, a quienes vemos realizar el mismo trabajo que nosotros, a quienes realizan el trabajo que nosotros no podemos hacer, a quienes trabajan a nuestro lado, a quien te da la mano más inesperada. Debemos agradecer, por lo que somos y por lo que tenemos. Eso es algo que también podemos aprender a través de las diversas religiones y algo que es esencial en nuestra vida.

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