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Opinión

El peligro de las “fake news”

Claudio Aqueveque, Escuela de Negocios Universidad Adolfo Ibáñez.


 Por La Tribuna

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 En el caso de las noticias falsas, se pueden identificar al menos dos sesgos cognitivos que nos hacen susceptibles a aceptarlas como verdaderas.

Es innegable que en la actualidad, las noticias falsas han afectado a las sociedades, a la democracia, y en última instancia, a lo que consideramos verdadero. Mucho se ha discutido en los últimos meses respecto al impacto que las “fake news” han tenido en diversos hechos a nivel internacional, como el Brexit, las elecciones en Estados Unidos o la última elección en Brasil. La mayoría de estas discusiones se han enfocado en analizar el efecto que han tenido las noticias falsas en estos procesos, pero poco sabemos sobre por qué el público las sigue creyendo y cómo es que a pesar de que sabemos de su existencia, seguimos siendo afectados por ellas.

En el caso de las noticias falsas, se pueden identificar al menos dos sesgos cognitivos que nos hacen susceptibles a aceptarlas como verdaderas: El “sesgo de confirmación” y el “efecto de simple exposición”. El primero se refiere a nuestra predisposición a la búsqueda y consideración selectiva de información que confirma nuestras creencias previas, desestimando o ignorando aquella que se opone. De esta forma, si una noticia se ajusta a lo que creemos previamente, aunque parezca poco real, será considerada como verdadera. El “efecto de simple exposición” es un fenómeno psicológico en el cual tendemos a desarrollar preferencias o apreciaciones positivas por objetos simplemente por el hecho de que nos son familiares. Por lo tanto, si hemos sido expuestos a una noticia y tiempo después la volvemos a escuchar o leer, tendremos más probabilidades de creerla ya que nos resulta familiar. En conjunto, estos dos sesgos nos predisponen a creer noticias que, aunque parezcan poco verosímiles, son ampliamente difundidas y confirman nuestras creencias u opiniones. El resultado: opiniones y creencias cada vez más polarizadas.

Si a lo anterior le sumamos nuestra tendencia a buscar información en fuentes que nos son afines, y el hecho de que las nuevas -y no tan nuevas- generaciones usan cada vez más las redes sociales como fuentes de información, las probabilidades de que estas noticias falsas sigan afectando aspectos tan importantes de nuestro día a día se incrementan. La polarización de opiniones y su impacto en los destinos de las sociedades son algo que podemos apreciar claramente en la actualidad. Por lo tanto, es nuestro deber como ciudadanos el hacer un uso responsable de las redes sociales, tanto en nuestro rol de receptores de información, como en el de emisores.

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