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Opinión

Deseche culpas y sesgos negativos al evaluar el año que pasó

Daisy Contreras González, Psicóloga y académica Facultad de Psicología Universidad San Sebastián.


 Por La Tribuna

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El estrés que muchas veces produce el término del año, incrementa la ansiedad en las personas y cuando uno está muy ansioso no tiene una mirada equilibrada y profundiza el sesgo negativo.

Hacer un balance del año que se fue es tarea obligada. Sin embargo, hay que tener ciertas precauciones al momento de realizarlo, pues no se debe olvidar que quien hace el recuento no siempre resulta ser un intérprete fidedigno de los sucesos ocurridos, ya que sus propias distorsiones cognitivas pueden afectar su evaluación.

Las distorsiones cognitivas, también llamadas sesgos, resultan ser desviaciones del proceso del pensamiento que conducen a una distorsión, a un juicio inexacto o a una interpretación ilógica de los eventos. Son esquemas equivocados para interpretar los hechos y pueden generar múltiples consecuencias negativas: alteraciones emocionales, conflictos en las relaciones con los demás o en la manera de ver la vida, dando lugar a una visión simplista y negativa.

De acuerdo a esto, al revisar lo que fue el año 2018, podríamos tender a caer en sesgos, centrándonos en los aspectos negativos –todo lo que no se logró-, en culpas personales, o bien, desacreditando los logros obtenidos, lo que podría generar consecuencias adversas para nuestra salud mental.

El estrés que muchas veces produce el término del año, incrementa la ansiedad en las personas y cuando uno está muy ansioso no tiene una mirada equilibrada y profundiza el sesgo negativo. Entonces, no ve la escena completa y sólo repara en lo que no funcionó.

Lo propicio entonces es hacer un recuento junto a otros, de modo que se puedan contrarrestar las ideas propias con las de los demás; buscar evidencias concretas que apoyen o fundamenten su juicio, de lo contrario desecharlo; pero por sobre todo, no quedarse con lo que no se logró hacer. Pues, como ya se dijo, estos pensamientos podrían ser solo un sesgo de su percepción.

La idea es identificar cuándo uno está teniendo un pensamiento negativo y ver qué otras formas posibles tiene de interpretar esa misma situación, por ejemplo, si no logró cambiarse de empleo, podría pensar en todo lo bueno que se relaciona con su lugar de trabajo, quizá le queda cerca de su hogar o tiene un horario que le acomodaba para hacer otras actividades, etc. Hay quienes, quizá, se detendrán en los errores o los problemas acontecidos el año recién pasado. En este caso resulta mejor descifrar cuáles fueron los aprendizajes que nos trajeron esas caídas, más que en el suceso propiamente tal.

Identificar los aspectos positivos le ayudará a tener una visión más alegre y a mirar con ojos más amables los tiempos que ya se fueron. Claro que sin olvidar lo que usted necesita o desea para el futuro.

Junto con el recuento de lo bueno y lo malo, entonces, resulta provechoso hacer una lista de lo que se desea cambiar u obtener para este año y los pasos concretos para alcanzarlo. Para eso debe definir los tiempos y recursos que necesitará. Si no ha hecho su listado de objetivos, aún es momento de hacerlo, de esta manera podrá afrontar el año que se inicia con metas claras y con un sentimiento de control y seguridad.

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