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Opinión

Agradecer todo lo bueno del año

Felipe Parra Muñoz, psicólogo y académico de Psicología Universidad San Sebastián.


 Por La Tribuna

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 Otra instancia donde se puede tener presente este fenómeno es en la celebración de los logros alcanzados durante el año, como también en las proyecciones de lo que se espera para los siguientes doce meses.

Como seres humanos tenemos la capacidad de adaptarnos a distintas circunstancias; cuando éstas son negativas, podemos desplegar diversos tipos de recursos que nos permiten sobrellevar tales situaciones amenazantes o complejas desde un plano personal como también dentro de lo colectivo o comunitario para salir airosos.

Así, como podemos adaptarnos a las circunstancias negativas, también el ser humano se adapta a las circunstancias positivas, muchas veces incluso con mayor velocidad que a las adversas, en un fenómeno que se conoce como adaptación hedonista. Tal adaptación, un fenómeno acuñado por Philip Brickman y Donald Campbell, ha sido estudiada por décadas en distintas sociedades, donde se perciben como evidentes o de poco valor situaciones o circunstancias que no necesariamente deben darse por sentadas o que generaron un grado de bienestar en el pasado, pero no lo hacen en el presente.

La adaptación hedonista es mucho más frecuente cuando los elementos asociados al bienestar están vinculados a elementos económicos, acceso a servicios, adquisición de un bien o elementos que se puedan considerar propios de las circunstancias personales. Sonja Lyubomirsky, referente en temas de bienestar, llegó a mencionar que el 10% del bienestar está dado por las circunstancias, mientras que el restante es: 50% genética y el 40% son las acciones deliberadas que una persona puede realizar para experimentar tal bienestar.

Se considera relevante tener presente el concepto de adaptación hedonista cuando se realizan los ejercicios evaluativos de cierre de año a nivel personal, familiar y también laboralmente, donde una de las prácticas más comunes es evaluar el año y discutir “cómo nos fue” o si fue un “buen año” o un “mal año”.

Otra instancia donde se puede tener presente este fenómeno es en la celebración de los logros alcanzados durante el año, como también en las proyecciones de lo que se espera para los siguientes doce meses.

Cada una de estas instancias son oportunidades para sopesar cuánto evaluamos como algo normal y cuánto es lo que se anhela o se aspira, pero con especial detalle en lo logrado más allá de los últimos doce meses. Un buen complemento a este ejercicio, según diversos estudios, es incorporar un momento de agradecimiento por lo que muchas veces se hace evidente, lo cual permite evidenciar cosas que diariamente no son rescatables o parecieran no tener suficiente mérito para ser destacadas.

Considerando la altura del año en que nos encontramos, meses asociados a entrega o cierre de proyectos, la cercanía de las vacaciones o el cierre del año escolar, pueden ser buenas prácticas evaluar y agradecer teniendo presente cómo nos acostumbramos rápidamente a las cosas positivas.

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