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Opinión

Calidad, en la voz de 30 premios nacionales (II parte)

Alejandro Mege Valdebenito.


 Por La Tribuna

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 No se puede hablar de calidad educativa si ésta no incorpora en el comportamiento de las personas los atributos que se le asignan para ser considerada como tal, tarea formativa que se espera de la educación.

Las definiciones de calidad educativa dada por los diferentes premios nacionales, producto de sus propias experiencias y bagaje cultural, es similar a la definición de pensadores y filósofos. Así, para Kant, la educación era “la búsqueda de la perfección humana”; para Rousseau, “el camino idóneo para formar ciudadanos libres conscientes de sus derechos y deberes” y, para Aristóteles, “el proceso de socialización que se materializa en una serie de valores y habilidades que producen cambios tanto intelectuales como emocionales o sociales”; también es coincidente con la que establece  la Ley 21.040 que Crea el Sistema de Educación Pública que, en su Art. 2, expresa que la educación…”procura una formación integral de las personas, velando por su desarrollo espiritual, social, ético, moral, afectivo, intelectual artístico y físico, entre otros, y estimulando el desarrollo de la creatividad, la capacidad crítica, la participación ciudadana y los valores democráticos”. Por consiguiente, no se puede hablar de calidad educativa si ésta no incorpora en el comportamiento de las personas  los atributos que se le asignan para ser considerada como tal, tarea formativa que se espera de  la educación y de quienes la imparten, ya que solo alcanzar determinados puntajes  en pruebas estandarizadas de reproducción de conocimientos y de algunas habilidades intelectuales, no es sinónimo de calidad educativa. Podrá ser instrucción, más no educación. Al decir de los premios nacionales, a quienes nos hemos referido, para Erika Himmel, “Una educación de calidad depende del marco de referencia ético-valórico que se use”; María Olivia Monckeberg vincula “la calidad al desarrollo del espíritu creativo y al estímulo de la capacidad crítica de los estudiantes”. Raúl Zurita afirma que para mantener la genialidad de los niños que llegan al jardín infantil “es fundamental una educación en la creatividad, en la solidaridad, en el amor y el compromiso y se logra con docentes que aman lo que hacen”. A juicio de Faride Zerán  “la calidad en la educación es la capacidad de trasmitir conocimientos con valores, asumiendo que nuestros estudiantes son seres humanos pensantes, críticos y con subjetividades con las que debemos convivir dentro de la sala de clases”. Para Elizabeth Lira, “una educación de calidad es aquella que forma personas autónomas y responsables, capaces de colaborar con otros para producir conocimientos en todos los ámbitos de la vida humana.” Y, como sabemos, los indicadores de calidad que miden las pruebas estandarizadas no consideran la mayoría de las cualidades propias de una educación de calidad, las que difieren en mucho del sentido pragmático y utilitario que hoy se le asigna, como es preparar al “homo economicus”,  para la competencia,  la productividad y el consumo, por sobre la condición humana del “homo  sapiens” capacitado  para la solidaridad, el bien común, el comportamiento ético y la paz social.

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