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Opinión

Qué deben leer los estudiantes

Alejandro Mege Valdebenito


 Por La Tribuna

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 Aún con todo el conocimiento y la información que se tiene al alcance de la mano no se ha logrado desterrar en algunos sectores la ignorancia, el sectarismo y la miopía para enfrentar la realidad que nos golpea el rostro cada día.

 

Hace años, en un artículo publicado en la revista escolar de su colegio, un alumno de tercer año medio solicitaba, refiriéndose al libro que el profesor había indicado que debían leer se le permitiera también a los alumnos escoger algún otro título que fuera de su interés. Así, afirmaba, los alumnos leerían lo que el profesor consideraba como lo más adecuado para cumplir con el programa de la asignatura pero que, a su vez, el profesor tendría que leer aquellos que a los alumnos también interesaban para que cada cual, de manera libre y no tan dirigida pudiera formarse su propia opinión sobre la literatura que iba a ser parte de su bagaje cultural y social. Lo importante argumentaba era desarrollar el gusto por la lectura y no su rechazo, así como la libertad de elegir y la capacidad de tomar decisiones personales y, como corolario, construirse a sí mismo como persona criteriosa, respetuosa de la diversidad, autónoma y responsable de su propia formación humana, que es lo que la familia y la institución escolar quieren conseguir.

Tuvimos que reconocer haber recibido una lección de un estudiante a quien queríamos enseñar lo que debería o no leer cuando consideramos que las opiniones o preferencias de los adultos, sean padres o profesores, lo asumimos como las únicas ciertas y dignas de ser imitadas, menos aún si en la selección del material de lectura por parte del docente o la institución escolar subyace una intención determinada que se quiere transmitir, pero que no siempre todos comparten.

Parece más adecuado que los libros que se estima ser leídos por los alumnos, su objetivo debe ser claramente explicitado y en su  selección haber participación de los alumnos y el conocimiento de los padres, habida consideración que la orientación del contenido de que trata, la posición y condición del autor, son elementos a enjuiciar con el más amplio criterio y respeto asumiendo como forma de vida que las ideas se combaten con ideas y no con dogmas o sectarismos de cualquier signo o posición de poder que pretendan descalificarlas o silenciarlas. Sobre su contenido, cada uno podrá formar su propia opinión.

De ahí que la actitud de los alumnos de tercer año medio de un colegio de Independencia en Santiago, que se negaron a leer un libro del escritor Pedro Lemebel al calificarlo de “asqueroso” por su orientación sexual, resulta ser una actitud –reconocida por el propio alcalde de la comuna- homofóbica, xenofóbica y machista. A la posición de los alumnos se sumaron los padres que acusaron que con este tipo de lecturas se estaba produciendo una “homosexualización” de los escolares.

Aún con todo el conocimiento y la información que se tiene al alcance de la mano no se ha logrado desterrar en algunos sectores la ignorancia, el sectarismo y la miopía para enfrentar la realidad que nos golpea el rostro cada día, por lo que la lectura libre u objetivamente orientada; desapasionada y criteriosa; racional o emotiva, sin otra intención que saber más y ser mejor puede ayudar a que las nuevas generaciones construyan una sociedad más justa, sana e inclusiva.

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