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Opinión

La Paradoja Profesional

Jorge Núñez Rojas. Director de Escuela Ingeniería Comercial Santo Tomás Los Ángeles.


 Por La Tribuna

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 Si queremos que las cosas cambien, hay que dejar de lado el “siempre lo hacemos así” y poner el foco en idear nuevas maneras para hacer mejor lo mismo; esa es la clave.

 

“Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”. Generalmente, esta cita se atribuye a Einstein, pero también a Mark Twain y a Benjamín Franklin.

Si bien no sabemos a quién pertenece, podemos concordar en que tiene cierto grado de razón; hoy, nuestro mercado laboral se esfuerza en tratar de llenar cupos con profesionales cada vez más flexibles, pero provenientes de carreras “tradicionales”.  Esto ocurre porque nuestro modelo educativo se quedó en el siglo XX.

Cada vez es más común que profesionales tengan más de una profesión o que cuenten con algún posgrado que permita diferenciarlos de sus pares, sin embargo, no es raro encontrar entre las ofertas de trabajo que, además de su título, el profesional debe contar con años de experiencia.  Es aquí, donde surge otra duda, ¿cómo exigimos experiencia si la persona viene recién egresando?. Esta y muchas otras variables se contraponen en esta época, donde afrontamos la cuarta Revolución Industrial. Estamos en época de cambios y nos estamos acomodando.

Volviendo a la frase original, querer que alguien educado de manera paramétrica se integre en organizaciones transversales es una tarea compleja. Exigimos -por ejemplo- un nivel avanzado de inglés cuando gran parte de la comunicación que se utiliza es a través de correo electrónico, y actualmente existe traducción para eso.

Hoy, trabajadores sociales con conocimientos en Economía, ingenieros comerciales que manejan temas de salud, es cada vez más común y si queremos organizaciones flexibles, empresas inclusivas, necesitamos por cierto agregar valor, y dejar de pensar en el siglo XX.

Al momento de seleccionar personal, será necesario considerar las competencias que se requieren del profesional, más que un conocimiento específico en una función determinada, relegando así la profesión original a una variable de segundo orden.

Esto, de tal manera de contar con el capital humano necesario, que se adapte a las nuevas exigencias del mercado, que no son menores. Hoy, vivimos la globalización donde el comprar barato para vender caro se está volviendo un esfuerzo épico, donde producir al mínimo costo se está transformando en una epopeya, ya que actualmente los clientes compran experiencias más que tangibles, hoy el consumidor está interesado en que el producto cuente con una trazabilidad amable con el medio ambiente, con el derecho de sus trabajadores, que se haga responsable del bienestar de sus vecinos, entre otros factores.

Entonces, si queremos que las cosas cambien, hay que dejar de lado el “siempre lo hacemos así” y poner el foco en idear nuevas maneras para hacer mejor lo mismo; esa es la clave para subsistir a esta revolución que hoy, en cierta medida, ahoga a las empresas existentes y oferta terreno fértil a las instituciones del futuro.

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