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Opinión

El nerviosismo cristiano

Mario Ríos Santander


 Por La Tribuna

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 Ellos mismos, los evangélicos, también han tenido que ajustar su proceder, siendo más auténticos, y  preocupados de su feligresía, marginando las cosas del mundo secular.

 

Este Chile, de los años pasados en que la ceremonia oficial estaba en el interior de los templos, se terminó o por lo menos, está bastante debilitada.

Los católicos, están “curados de espanto”. Aparece un consagrado haciendo cosas no tan consagradas. Los tiempos actuales cargados de erotismo, libros, iguales, llegaron animados  por la libertad. Un mundo hedonista en extremo, telenovelas repletas de “cornudos” y pechugas al aire, familias destruidas, enfermas de sexualidad que, en la soledad es imposible soportar. Y en medio de este horror, la feligresía católica, levanta su ánimo en procura de que “las puertas del infierno no prevalecerán sobre ellas”, y así será. Toda esta tragedia, que molesta, parece que debió conocerse con anticipación. ¿Por qué no se hizo? Entendemos que de pronto, uno o dos consagrados algo díscolos, pueden obviarse del conocimiento público, pero, la suma de tantos, obispos incluidos, eso no. Sin embargo, hay algo que trasciende. Vivimos en una civilización que lleva nuestro nombre: cristiana. En torno a ella, hemos vivido y crecido. Ella, la Civilización Occidental Cristiana, ha sido actor principal de este planeta nuestro, orientador supremo de la vida y si algunos no han sabido cuidarla, otros, mas allá, lo están haciendo, a su manera pero actúan. Al respecto, es admirable comprobar esto de que el, “2050, el 75% del mundo será cristiano”, según el Diario Le Monde de Francia, ello es así y será así. La penetración cristiana en Asia es enorme. La cultura occidental, que lleva el sello de la cristiandad, ha ingresado a las comunidades asiáticas y aumentan diariamente sus componentes.

De todo lo anterior, noticias hoy no muy buenas, mañanas si positivas, surge el reconocimiento de la Iglesia Evangélica, que si bien nace conceptualmente como “Iglesia Protestante”, en el correr de pocos años, se desliga de tal denominación y adquiere un  camino propio. “No tenemos, en lo espiritual que protestar contra nadie y nada, el Señor nos ha recogido tal como somos, defensores de su palabra y en eso estamos”, expresaba un pastor animado al observar que su templo, se ha hecho pequeño con tantos  congregados. Ellos mismos, los Evangélicos, también han tenido que ajustar su proceder, siendo más auténticos, y  preocupados de su feligresía, marginando las cosas del mundo secular. Conocida la historia de aquellos pastores, de la zona del carbón en que la política era la vida diaria y competían en discursos con sermones bíblicos. Terminado el culto, corría a la sede partidaria y se ponía la ropa política sin más ni más. Poco importaba que ese partido, del cual era su secretario, incluso presidente, los fundamentos doctrinarios fueran diametralmente opuesto a los cristianos. “El Señor me dio la respuesta, a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. Vivo en este mundo y este es mi partido”, proclamaba. Hoy, ya no es así. Algunos, se engolosinan con la política y se instalan en La Moneda, sin embargo los más, ha profundizado en la doctrina y sin querer intervenir, han ido conjugando la existencia de un pueblo con valores y ello, complica a sectores políticos, que los hacen responsable de actos electoral determinados. Pero no es así, la penetración natural en la sociedad del fundamento cristiano de la vida, sigue tan campante que ya se avizora un mundo cristiano por excelencia.

 

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