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Opinión

Los All Blacks y Jean Coliqueo

¿Nos falta mucho camino para sentir orgullo de nuestras etnias originarias? quizás no tanto. Al menos las generaciones más jóvenes parecen ir por ese camino.


 Por La Tribuna

25-11-2018_20-28-191__fotogenerica2

74 -0 ganó el equipo de rugby de los Maorí All Blacks a Chile en su presentación en San Carlos de Apoquindo, deslumbrando a los fanáticos de ese deporte.  Pocos días antes en la comuna de Ercilla moría Camilo Catrillanca, en un polémico operativo policial, caso fatal que demuestra una vez más, la asimétrica e injusta relación que mantenemos con nuestros pueblos originarios.

Nueva Zelanda es un baluarte exitoso no sólo con la ovalada, sino que en materia de política indígena, mediante consensos amplios, tratados, acuerdos y una legislación moderna, ese país ha realizado ingentes esfuerzos por compensar a sus pobladores ancestrales por la pérdida de territorio, reconociendo también el derecho de los maoríes a tener representación en el parlamento, a ser consultados en decisiones de trascendencia local y apoyados en la génesis y desarrollo de empresas formadas por los propios maoríes.

Los gobiernos de la ex Concertación hicieron esfuerzos en la materia (creación de la Conadi, formación de la Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato con los Pueblos Indígenas que existió entre 2001 y 2003, que tuvo por objeto asesorar al presidente de la República en el conocimiento de la visión de los pueblos indígenas sobre los hechos históricos e historiográficos y efectuar recomendaciones para una nueva política de Estado, a fin de avanzar hacia un nuevo trato de la sociedad chilena y su reencuentro con los pueblos originarios y un largo etcétera), pero no fueron suficientes…    hoy es cuando se puede avanzar mucho más; ¿en qué?:

-Reconocimiento constitucional; los mapuches no son la simple suma de personas que por azar viven en un determinado territorio. Los mapuches son un pueblo, o sea, un conjunto de personas que poseen una memoria compartida, a partir de la cual han construido su identidad, su cosmovisión y su lugar en el mundo. Siendo así, una primera vía para intentar resolver el conflicto, es darles representación, mediante una cuota, al interior del sistema político. Esta sería una medida de justicia política que ayudaría, al menos en parte, a la visibilidad que históricamente se merece.

-Continuar con la devolución de territorios ancestrales (justicia correctiva diría Aristóteles), tierras que el pueblo mapuche no visualiza como simples medios de subsistencia, sino como una parte inescindible de su propia identidad. Es una manera de reparar el daño que se infligió cuando el Estado, supuestamente pacificando la zona, hizo suyos esos parajes.

-Honrar la memoria y verdad histórica, es decir, no seguir agraviando a la Gente de la Tierra por la vía de perpetuar el olvido de las víctimas del pasado. Hay miles de víctimas, generaciones completas, que fueron obligadas a callar su lengua y sus tradiciones. El olvido de ellas es, por cierto, una especie de injusticia que clama reparación.  Al respecto, sugiero visitar el Museo Mapuche de Cañete; llamativo resulta el extenso mapa del Cono Sur chileno- argentino sin límites y con la toponimia de los lugares ancestrales, por tanto, no aparecen ni Santiago del Nuevo Extremo ni Concepción ni Valdivia ni tampoco Buenos Aires; sí están: Curicó, Arauco, Cañete, Collipulli, Neuquén, Cutralco y Bariloche, entre muchos otros.

¿Nos falta mucho camino para sentir orgullo de nuestras etnias originarias? quizás no tanto. Al menos las generaciones más jóvenes parecen ir por ese camino. Aunque tal vez irrelevante para algunos, pero el gesto del seleccionado nacional Beausejour Coliqueo, justamente en Temuco, va en esa senda auspiciosa.

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