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Opinión

Chile está en deuda con el cáncer pulmonar

Dr. Francisco Javier Orlandi, oncólogo de la Universidad de Chile y jefe de la Unidad de Medicina Oncológica del Instituto Nacional del Tórax.


 Por La Tribuna

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 Muchas veces no vamos a poder mejorar la sobrevida global de la población afectada, pero sí vamos a poder mejorar la sobrevida libre de progresión.

Hace falta darse cuenta de que los tumores son la segunda causa de muerte al día de hoy en Chile y, es muy probable que, con el aumento que van teniendo, sean la primera causa de mortalidad en el país en el año 2020.

El cáncer de pulmón es el único de los cánceres más frecuentes que no está cubierto por los decretos de las Garantías Explícitas en Salud (GES); por lo tanto, aparece como una deuda el hecho de que esta enfermedad frecuente, en aumento, en un país donde el tabaquismo todavía no está controlado, debería tener una cobertura completa, incluyendo el diagnóstico precoz, así como la cirugía cuando ésta es factible, y también considerando la medicación para los subtipos más raros de cáncer pulmonar, como son aquellos que presentan las mutaciones EGFR y ALK, o la sobre expresión de PDL1.

Cada una de estas alteraciones le confiere una sensibilidad a tratamientos que son diferentes y que no pueden ser intercambiados. De tal forma que es muy importante que el paciente sea enfrentado desde un equipo multidisciplinario en instituciones con experiencia en la materia. Desde el punto de vista de la salud pública esto debiera ser concebido como un problema de tipo catastrófico, de una magnitud tal que requiere que la Nación destine recursos en condición suficiente como para que la cobertura sea adecuada.  

Si bien se ha hecho un esfuerzo importante en este último tiempo utilizando un mecanismo que el Fonasa tiene, denominado Programa de Prestaciones Valoradas (PPV), el cual ha permitido entregar fondos a los hospitales de alta complejidad que tratan el cáncer pulmonar para asignarlos a las terapias con inhibidores de tirosina quinasa, medicamentos orales nuevos, todavía el acceso de estos pacientes es limitado.

Si esta patología ingresa a GES se podrán establecer las redes de derivación adecuadas para que los pacientes lleguen a centros complejos donde ya este tipo de medicamentos se conocen y se utilizan, de tal forma de aprovecharlos de la mejor forma posible. Esta experiencia se ha hecho en el Instituto Nacional del Tórax, donde más de cuarenta personas están en tratamiento, reciben este tipo de medicación, porque ya se ha hecho la curva de aprendizaje de todo el Instituto.

Hay terapias que pueden permitir el control de la enfermedad. En un cáncer avanzado, muchas veces no vamos a poder mejorar la sobrevida global de la población afectada, pero sí vamos a poder mejorar la sobrevida libre de progresión; es decir, controlar la enfermedad sin que ésta avance. Esta situación, en consecuencia, lleva a un alivio de la sintomatología o una disminución de la intensidad de la sintomatología y eso, en sí mismo, también genera un beneficio para los pacientes. Si bien, desde el punto de vista de los puristas de evidencia, estos son objetivos blandos, el bienestar de la población no es un objetivo blando para los médicos clínicos y esto sí, sin duda, debe ser parte de una decisión clínica, no de una decisión tomada con la calculadora en la mano.

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