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Opinión

Estudiar después de haber estudiado

Alejandro Mege Valdebenito


 Por La Tribuna

05-11-2018_20-19-291__alejandromege

 Equilibrar el cumplimiento laboral y la posibilidad de continuar estudios les da dignidad a las personas y al trabajo que desempeñan y honra a quienes lo facilitan.

 

 Terminada la clase, mientras caminaba solo por el pasillo se acerca una de las alumnas y mirando a nuestro alrededor, como queriendo  evitar oídos indiscretos, me dice en voz baja y tímida, como avergonzada y disculpándose  de confesarlo: “sabe profesor, aunque tengo un título técnico, yo soy la que hace el aseo en el lugar de mi trabajo, donde tengo pocas facilidades para estudiar lo que, junto a la distancia, se me hace difícil venir a clases, pero  estudio para obtener el título profesional que me permita un mejor trabajo para ayudar a mi familia”. Respondo casi de manera automática, repitiendo la frase que forma parte del ritual de la profesión: “Todo trabajo, cualquiera que sea, siendo honesto, es útil y digno. Confía en lo que haces, ya eres un ejemplo para tu familia”. Después de un “Gracias, profesor”, la niña se aleja y tras ese breve diálogo,  sus palabras quedan en el aire como una interrogante que mi respuesta,  pronunciada otras veces,  no respondió a su inquietud, incluso a  su temor ante un futuro estudiantil y laboral incierto y menos si tenía sentido y valía la pena seguir estudiando; para ser honesto, aun cuando la tarea de un profesor es ser un permanente motivador y promotor de horizontes, de ilusiones y sueños que son posibles de alcanzar, mantengo dudas e inquietudes por ser partícipe en la formación de profesiones cuyo ejercicio no está garantizado y menos aún la prometida movilidad social que ofrece tanto el sistema educativo como  el político si se considera que el ejercicio de algunas profesiones está casi vedado para quienes pasan de contar con un título  técnico a uno profesional, más si solo cuentan con el título que los habilita y las ganas de trabajar, pero carecen de historia personal y social , así como  de contactos que le sirvan de aval. 

El tema, que había sido tratado en la clase, investigado y expuesto por el grupo del que formaba parte la alumna, había versado sobre la dignidad de la persona y del trabajo humano, donde la teoría y el relato de las experiencias vividas, propias y ajenas, desnudaron las diferencias que se dan en el desempeño laboral diario, cuando en algunas actividades las diferencias entre los técnicos y profesionales no solo es  salarial, también lo es en el trato y consideración que reciben como personas.

La situación descrita la viven muchos que, habiendo obtenido un título técnico o profesional, desean continuar estudios, tanto para su desarrollo personal como profesional, junto la legítima aspiración de ascender a un nuevo trato  laboral y salarial. Desafío que asumen después de cumplir con su trabajo,  sacrificando recursos, tiempo y descanso junto a los suyos, en  un esfuerzo adicional que no siempre es bien comprendido por muchos empleadores, siendo, para ellos –con destacadas excepciones de  instituciones y empresas que cumplen con su responsabilidad social – un contratiempo que no es posible aceptar.

Equilibrar el cumplimiento laboral y la posibilidad de continuar estudios les da dignidad a las personas y al trabajo que desempeñan y honra a quienes lo facilitan.

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