jueves 17 de octubre, 2019

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¡En el obelisco mi general!

Mario Ríos Santander


 Por LESLIA JORQUERA

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 Esta dicotomía radicada en el fin del mundo, hizo que surgieran los héroes en esta tierra chilena. Uno de ellos, fue Rufino Iturrate. El General Pinochet, siempre estuvo convencido que si había guerra, Rufino Iturrate, estaría esperándolo en el obelisco de Buenos Aires. Y de eso, yo tampoco tengo duda alguna.

 

El año 1978, no fue fácil para Chile. Las Naciones Unidas castigaba al Gobierno chileno, la AFL-CIO, organización sindical internacional, declaraba que “ningún buque con carga chilena, se le permitirá el ingreso a ningún puerto del mundo”, alegando incumplimiento de la declaración universal de los Derechos Humanos y, lo más delicado, Argentina, desconocía el Laudo Arbitral que Chile y Argentina, habían recurrido a fin de que Inglaterra definiera el destino de tres islas en el sur del continente y que le había dado la razón a Chile, señalando que las islas Lennox, Nueva y Picton eran territorio de Chile.

Los argentinos, en un afán de desprestigiarnos, señalaban al mundo que, “Los chilenos son expansionistas” y a continuación, recordaban los territorios bolivianos, luego otros, del Perú, todos “usurpados” por este afán expansionista,  y ellos mismos que reclamaban la Patagonia que les pertenecía. “Ahora, pretenden llegar al Atlántico, transformándose en país bioceánico”, advirtiendo de esta forma, el colmo de esta extensión del dominio político y económico por parte de Chile.

Ese era el mundo que vivía aquel hombre valiente de 43 años que, comandaba a los agricultores de Biobío, junto a otros dirigentes agrarios, recuperando tierras usurpadas por el mundo marxista. Evidentemente que eran años de conflicto, lucha y guerra política. Instaurado en 1973 el Régimen Militar, se le vino el mundo encima a Chile y eso fue aprovechado por Argentina. Y nació el amor a la Patria, concepto que marcaría a toda la Nación. Rufino Iturrate, tenía amor a la Patria. Se había empapado de Chile. Por ello, cuando comenzó a organizarse el Regimiento Simbólico de Caballería Huasos de Bueras, se incorporó feliz. Apareció montando un caballo inglés, muy alto, delgado, buena pinta, mientras el resto, en cabalgaduras chilenas, se preparaban para llegar a lo más alto de la cordillera andina. Rufino, no se amilanó y se puso a las órdenes de quienes organizaban la defensa de Chile. Su condición de liderazgo y simpatía personal, además de ser un hombre atento, cariñoso y preocupado por todos, lo elevó a poco andar a sumarse a los líderes de este Regimiento de Caballería criollo.

En una ocasión, en visita por el país, llega el Presidente Augusto Pinochet a Los Ángeles y se presenta a dicha autoridad los Huasos de Bueras. Hay emoción y entrega. Rufino marcha al frente de un pelotón de jinetes. El general Pinochet lo distingue por su cabalgadura. Saludos y continúa el paso. Más adelante, en un instante más castrense, en el Regimiento de Los Ángeles, vuelven a encontrarse nuevamente. El general Pinochet, animado por esta presentación de tantos jinetes, vuelve a encontrarse con Rufino Iturrate cuyo nombre ya conocía. Se detiene, lo detiene y expresa en voz alta, “Dónde nos encontraremos nuevamente señor Iturrate!”. Y Rufino, levantando su cuerpo sobre la montura en voz alta le responde: “¡En el obelisco mi general!”.

Esta anécdota, que refleja en cuerpo entero a Rufino Iturrate, no se le olvidó nunca más al general Pinochet. Ese año, 1978, ya lo decíamos, era una suma de preocupaciones complejas cada día, pero, de pronto surgía la imagen del Obelisco, monumento enorme instalado en pleno centro de la capital de Argentina, Buenos Aires. La Junta de gobierno chilena, hacía todos los esfuerzos por evitar la guerra. Los argentinos, al revés, hacían todos los esfuerzos por impulsar la guerra. Esta dicotomía radicada en el fin del mundo, hizo que surgieran los héroes en esta tierra chilena. Uno de ellos, fue Rufino Iturrate. El General Pinochet, siempre estuvo convencido que si había guerra, Rufino Iturrate,  estaría esperándolo en el obelisco de Buenos Aires. Y de eso, yo tampoco tengo duda alguna.

 

  

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