miércoles 16 de octubre, 2019

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Ayer estuve en Bolivia

Mario Ríos Santander  


 Por LESLIA JORQUERA

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 ¿Qué hacer ahora? Han pasado los años. Las realidades son distintas. No me gustan las descalificaciones que los actores políticos han hecho de Bolivia. No hay proposiciones, más bien hay, descalificaciones.

“¿Y qué te dijeron?”, fue la pregunta primaria desde mi regreso. Habían transcurrido sólo cinco días del fallo de La Haya y mi avión descendía en el Aeropuerto Viru Viru Inti de Santa Cruz de la Sierras, segunda ciudad de Bolivia. “Yo no fui a Bolivia para que me dijeran algo, fui, porque yo quería decir algo allá y lo dije”. Hace ya tiempo que descubrí que no era necesario ser una autoridad para que lo escuchen. Basta hablar cosas del sentido común y si se expresan lo más inteligentemente posible, serán recogidas, analizadas y participadas a los estamentos que correspondan. “Y esto que Ud. nos plantea, por lo demás muy interesante, que dicen las autoridades chilenas?”. Le respondo que están llegando los tiempos para que sean los pueblos los que conversen. “Entiendo que es más complejo, deberán ser muchas voces, pero cuando la idea comienza a interpretar a la gente, y eso es más fácil saberlo ahora con la inmensa capacidad de canales informativos públicos y particulares, la cosa se simplifica”.

El vuelo directo a Bolivia, despega a las 4:30 hrs en la madrugada. Hora incómoda, esa noche no se duerme. Arriba a las 6:20, hora boliviana. En Sta. Cruz se congregan líderes  cristianos dispuestos a conversar esta fiebre latinoamericana de abortos, géneros, transexualidad, fin de la familia, matrimonio de un mismo sexo, en fin, todo lo que por años existe pero, porque las revoluciones se terminaron todas en fracasos absolutos, se recogen los DDHH y en mérito de ellos, hay que matar niños en el vientre de la madre, obligar a definirse a niños de su sexualidad a temprana edad, en fin, todo lo que no hay que hacer, al menos como se está haciendo.

Pero, volvamos a Bolivia. Este es un país que en lo general está bien. Su crecimiento económico es superior a Chile, (5,3% según el Banco Mundial, nosotros, el 4%), los niveles de cesantía son bajos. Evo que fue un buen gobernante, cuando oía los consejos de Chosquehuanca, su canciller, redujo su éxito, cuando oyó a García Linera, su vicepresidente de origen marxista, odioso con Chile el que mas, convencido que Chávez, Lula, la Cristina, Ortega y Correa en Ecuador, eran eternos y que había que unirse a ellos. Ahora Evo está retrocediendo, vuelve a su gobierno indigenista que le ha dado buenos dividendos. Por lo demás, el único que va quedando el Ortega en Nicaragua que está por caer y con Maduro, ni hablar. Así las cosas el “tropezón” de La Haya, si bien lo dejó casi fuera de juego, le quedó oxígeno para marchar, alegando que, “Me la jugué entero por Bolivia y eso el pueblo lo comprende” y la verdad es que sí, lo comprende. Marcharon el miércoles pasado, miles de bolivianos, unos apoyando a Evo, otros, descalificando, “constitucionalmente su pretensión  de una nueva candidatura presidencial”, pero no atacándolo en su calidad de gobernante. Estas multitudinarias marchas, dieron por olvidado La Haya.

¿Qué hacer ahora? Han pasado los años. Las realidades son distintas. No me gustan las descalificaciones que los actores políticos han hecho de Bolivia. No hay proposiciones, más bien hay, descalificaciones. Y así no se avanza. Las prepotencias son inútiles. En el marco de un encuentro continental cristiano, pusimos la primera piedra, la conformación de una Sociedad de Naciones. Si se logra, constituiríamos una sociedad fuerte, exitosa, respetada. Es seguir el ejemplo de naciones que resolvieron vivir la paz, miran hacia el futuro. ¿Seremos nosotros capaces de hacer lo mismo? Sí, ¿hay otra alternativa?

Mario Ríos Santander    

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