martes 15 de octubre, 2019

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Innovación Social: transformar para impactar

Roger Sepúlveda Carrasco, rector Santo Tomás Los Ángeles.


 Por LESLIA JORQUERA

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 Universidades, IPs y Centros de Formación Técnica se transforman en formadores de innovadores y emprendedores sociales, jóvenes que tienen entusiasmo por actuar en este escenario y satisfacer las necesidades del otro y que, a la vez, cuentan con las herramientas para hacerlo de la mejor manera.

 

Mejorar la calidad de vida de la comunidad se ha transformado, sin duda, en el gran objetivo de muchas organizaciones que buscan su desarrollo, avanzando de la mano con el compromiso por los más necesitados.

A nivel mundial, empresas e instituciones han entendido que deben ser parte de los retos ecológicos, sociales y económicos, creando iniciativas con diferentes enfoques que ofrezcan soluciones perdurables a las problemáticas actuales.

La Innovación Social surge, entonces, como nueva bandera que guía la vinculación de distintos actores con el medio, entendiendo este concepto como la búsqueda de soluciones nuevas que logren mejorar la calidad de vida.

Para hacer frente a estos desafíos, una oleada de iniciativas de Innovación Social está creciendo en todas partes del planeta. Ya en 2013, la Comisión Europea publicó una Guía de Innovación Social que definía dicho concepto como “innovaciones que son sociales, tanto en su fin como en su proceso”, poniendo énfasis en que “no sólo son buenas para la sociedad, sino que impulsan la capacidad de los individuos para actuar.” Se observa hoy un número creciente de iniciativas y enfoques.

En este contexto, la Innovación Social involucra a los gobiernos, quienes deben propiciar un ecosistema que sustente estas iniciativas, abierto a trabajar colaborativamente con distintos actores, incluyendo los privados, disminuyendo la burocracia y aumentando fondos que apoyen a los emprendedores sociales.

Asimismo, también incluye a las casas de estudios, que son las responsables de crear el capital social que sustente esta nueva metodología: los nuevos técnicos y profesionales que se interesen por resolver problemáticas desde sus especialidades y conocimiento.

De esta manera, Universidades, Institutos Profesionales y Centros de Formación Técnica se transforman en formadores de innovadores y emprendedores sociales, jóvenes que tienen entusiasmo por actuar en este escenario y satisfacer las necesidades del otro y que, a la vez, cuentan con las herramientas para hacerlo de la mejor manera, de la mano con la tecnología y los avances de la ciencia.

En otro rol, la educación superior se convierte también en un catalizador para el trabajo colaborativo que necesariamente involucra la Innovación Social.  Es que este sector de la educación debe ser agente principal en este cambio, aunando voluntades, esfuerzos y recursos en proyectos conjuntos con distintos actores de la sociedad como ONG’s, Gobierno e Instituciones Privadas y Públicas.

Así lo ha entendido Santo Tomás, casa formadora que quiere ser el agente de cambio que logre beneficiar a las comunidades más vulnerables, teniendo como foco estratégico la Innovación Social.

En esta tarea, el nuevo foco tiene que ver con transformar a las comunidades vulnerables y fortalecer los valores en los estudiantes para construir una sociedad más fraterna y justa.

Incluir una asignatura de Innovación Social en el plan curricular de la institución, capacitar a docentes y administrativos, crear fondos concursables, vincularse con organismos y servicios para un trabajo mancomunado, son algunas de las acciones de Santo Tomás para marcar el trabajo por los más necesitados. Una tarea que esta casa lleva en su ADN y que espera liderar en todo Chile.

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