domingo 20 de octubre, 2019

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Opinión

Un poco sobre la vejez y las viejas

Paula Urzúa Carmona, doctora en Lingüística Universidad de Concepción Campus Los Ángeles.


 Por LESLIA JORQUERA

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Es altamente probable que luego de una vida entera dedicada al servicio, la mayoría de las ancianas de nuestro país no sólo se encuentren en una situación de pobreza, sino que además sean perfectas candidatas a sufrir enfermedades neurodegenerativas.

 

Cuando leo sobre la vejez puedo notar que el pronóstico es el mismo en todos los aspectos, la vejez es cada día más vieja. No obstante, no está exenta de paradoja, ya que es un tema relativamente nuevo, pues nunca antes las personas habíamos vivido tanto, ciertamente es un fenómeno al que debemos poner atención.

Lo que no es novedad es el hecho de la prolongada vida de las mujeres en comparación a la de los hombres. Por supuesto, hay algunas variables que influyen en esto como por ejemplo históricamente vamos menos a la guerra que los hombres y para limpiar vidrios que están desde un segundo piso en adelante nos proveemos de andamios seguros en lugar de  estructuras hechizas e inestables; también está el hecho de ocuparnos más de nuestra salud y seguimos religiosamente nuestros tratamientos sin poner tanto en duda los conocimientos del especialista, cosa que no hacen los hombres.

Por supuesto, el llegar a ser viejas más viejas que los viejos más viejos no carece de dificultades, pues las ilustres ancianas, antes de convertirse en ancianas fueron jóvenes en una sociedad poco igualitaria en cuanto a asuntos de género se refiere. Las opciones de estudiar y ejercer una profesión eran casi inexistentes, pues el rol femenino se restringía a la crianza con objeto de entregar buenos ciudadanos y si tenían algún empleo estaba relacionado con el área de servicios. Tal situación además de restringir el lugar de la mujer al ámbito de “las labores del sexo”, menoscabó su educación formal, lo que recayó directamente en su economía obteniendo como resultado mujeres viejas que además son pobres.

Luego de realizar un estudio a más de 400 ancianas de nuestro país sobre la cantidad de léxico que son capaces de producir, fue triste darme cuenta que aquellas mujeres con menos años de estudio, pues la mayoría no había terminado la educación básica, manejaban mucho menos vocabulario que aquellas que sí habían terminado la enseñanza media y, claramente estas últimas estaban más desprovistas de léxico que las pocas ancianas con títulos universitarios. Títulos que únicamente servían para adornar las paredes de su casa, pues no habían ejercido nunca por estar criando hijos.

Quizás alguien esté pensando que los resultados de mi estudio son obvios, pero el trasfondo del asunto es que nuestra sociedad determinó que una anciana en nuestro país esté más propensa a sufrir ciertas enfermedades neurodegenerativas tales como el Alzeheimer o  Parkinson, sólo por el hecho de no permitírsele un desarrollo en otros ámbitos que no fuere la crianza y el servicio y peor aún a vivir directamente en la pobreza, pues tener trabajos con pocos ingresos tiene como consecuencia obtener  jubilaciones muy reducidas con las cuales es imposible sostener una larga vida y mucho menos una larga vida saludable.

Es altamente probable que luego de una vida entera dedicada al servicio, la mayoría de las ancianas de nuestro país no sólo se encuentren en una situación de pobreza, sino que además sean perfectas candidatas a sufrir enfermedades neurodegenerativas. Algo que podemos hacer para ir en su rescate no apunta solamente a las insipientes terapias de estimulación cognitiva, sino que a trabajar directamente sobre sus reservas cognitivas y para esto nada más simple que educar en igualdad de derechos y oportunidades, es decir, mujeres con altos estudios, con buenos trabajos y buenos salarios; un humilde consejo desde la ladera de la lingüística.

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