jueves 17 de octubre, 2019

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Democracia o dictadura: una fecha histórica

Luis Barcelo Amado, abogado.


 Por LESLIA JORQUERA

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Todos conocemos el devenir político y económico del país a partir del triunfo del No. No obstante es bueno recordarlo. Año a año, y gobierno a gobierno, después de una tenaz confrontación política se fueron desinstalando los enclaves autoritarios propios del concepto de "democracia protegida" con que los sostenedores ideológicos de la dictadura quisieron perpetuarla en la institucionalidad del futuro régimen democrático. Transcurridos 30 años desde aquel histórico 5 de octubre de 1988 es útil pasar revista a ese -aún incompleto- desmantelamiento, so riesgo, de olvidar algunos de ellos:

Tardíamente, sólo 15 años después del fin de la dictadura, durante el mandato presidencial de Ricardo Lagos Escobar se tiene la fuerza parlamentaria suficiente para aprobar 58 reformas a la Constitución Política del Estado de 1980; las que en síntesis, después de 32 años vuelven a colocar a las FFAA en sus funciones normales de defensa nacional bajo total supeditación al poder civil, poniendo fin a la desnaturalizada función de ser garantes de la institucionalidad del Estado, y perdiendo los comandantes en Jefe de las tres ramas armadas y la de orden el privilegio de la inamovilidad en sus cargos quedando bajo pleno control presidencial. Al mismo tiempo se pone término a los senadores designados y se aumentan substantivamente las facultades fiscalizadoras de la Cámara de Diputados. Sólo el año 2015 bajo la administración Bachelet se pone término al sistema electoral binominal y se reemplaza por uno proporcional que permite terminar el duopolio parlamentario y reemplazarlo por uno que permite la representación de las minorías.

Para valorar mejor este desarme autoritario es conveniente contrastarlo con el efecto político que hubiese producido el triunfo de la opción SÍ: Pinochet sigue ejerciendo como Presidente de la República hasta el 11 de marzo de 1997. Y en consecuencia creo no pecar de fantasía asegurando que ninguno de los cambios constitucionales antes mencionados se habría llevado a cabo. El gobernante, la mayoría de la derecha política y su partido político armado – penoso y triste rol pretoriano cumplido por las FFAA y de Orden en ese entonces – lo habrían impedido.

Si los cambios constitucionales necesarios para hacer de Chile una República democrática tomaron a los menos 15 años de lucha política contados desde Marzo de 1990 bajo la égida de Presidentes democráticos, no cuesta mucho imaginar la imposibilidad de llegar a esos mismos cambios con Pinochet ejerciendo la presidencia de la República hasta 1997.

Tampoco debemos omitir contrastar los distintos caminos de crecimiento económico, desarrollo social, niveles de desigualdad socioeconómica y respeto a los derechos humanos que habría seguido el país al optar por una u otra opción. Como ejercicio de historia contrafactual, el Chile del Sí habría seguido siendo el Chile autoritario, gris, opaco, triste, violador de derechos humanos, y como tal su inserción política y comercial en el mundo habría sido muy precaria. Por el contrario la llegada de un Presidente del talante moral que tuvo Patricio Aylwyn, permitió a nuestra Patria transitar por el camino de las naciones respetadas por sus niveles de democracia, observancia como regla de los derechos humanos, reducción de la pobreza y desigualdad, alto crecimiento económico y un mucho mejor desarrollo social. Por cierto, aún falta mucho por hacer para que desaparezca la lacra de la desigualdad extrema de oportunidades en que se convive.

La lucha de casi 17 años tuvo como principales actores a miles de ciudadanos anónimos que participaron, muchas veces con resultado de muerte, en las jornadas de protestas a partir de mayo de 1983, y también a aquellos dirigentes que con riesgo de sus vidas, integridad física y su libertad reorganizaron los partidos políticos , los sindicatos, las asociaciones gremiales , las federaciones estudiantiles, entes culturales; debiendo destacarse la solidaria y humanitaria labor que le cupo a la Iglesia Católica y a la Comisión Chilena de Derechos Humanos, en el apoyo de los perseguidos, torturados y familiares de los más de 3.000 asesinados por la dictadura entre septiembre de 1973 y marzo de 1990.

El Grupo de los 24, el Proden, la Alianza Democrática, Movimiento Democrático Popular fueron sólo algunos de los entes políticos en que la sociedad civil se estructuró para terminar con la dictadura.

Lo que sí ha quedado muy claro para la historia real de nuestra Patria es que salvo el pequeño partido Derecha Republicana, la inmensa mayoría de la derecha política apoyó expresamente el 5 de octubre de 1988 la opción SÍ para continuar con una dictadura disfrazada de ropajes democráticos. No puedo dejar de observar el llamado del gobierno a celebrar en La Moneda los 30 años de la victoria del NO. Diciéndolo suave y eufemísticamente tal acto constituye un gesto curioso que trata de hacer historia real a partir de la fantasía de que los componentes de la actual coalición de gobierno habrían votado por el No. Todos sabemos que eso es una falsedad. (En todo caso buscando lo positivo de tal ceremonia es útil recordar que más de un connotado filósofo ha dicho que la hipocresía ya constituye un avance en el camino del respeto a los valores que nos son más preciados).

No puedo terminar esta nota sin rendir un sincero homenaje a algunos destacados luchadores biobenses por la recuperación de la democracia, hoy fallecidos: Octavio Jara Wolff, Alfredo Kuncar Ulhmann, Renato Emilio de la Jara Parada, Pedro León Gallo Feliú, Ítalo Zunino Muratori, Ronald Ramm Delpin, Jorge Ipinza Gutiérrez, Arturo Pérez Palavecino, Juan Carlos Cuevas Fuentealba, Manuel Rioseco Rioseco, Waldemar Agurto Bastías y muchos otros que sería largo enumerar, pero cuyos nombres están y permanecerán en la memoria colectiva de los habitantes de esta provincia. No puedo omitir la destacada intervención que tuvieron en el proceso de recuperación de la democracia don José Pérez Arriagada, actual diputado de la República y el dirigente socialdemócrata don Pedro Sánchez Soto, entre tantos otros.

Que el recuerdo de la larga y trágica historia de lucha contra la dictadura nos haga valorar, respetar y cuidar nuestra aún imperfecta y a veces corrupta y politiquera democracia. La diferencia entre democracia y dictadura es la misma que existe entre la vida y la muerte. Cerca de 3200 muertos y desaparecidos nos lo recuerdan y demandan.

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