lunes 14 de octubre, 2019

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Opinión

Educar fuera del aula

Alejandro Mege Valdebenito


 Por LESLIA JORQUERA

01-10-2018_20-08-161__alejandromege

 El último informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE 2018), advierte que Chile, uno de sus miembros, es el país donde niñas y niños pasan más tiempo dentro del aula, pero que aprenden menos.

 

Se afirma que el  aprendizaje y  la formación social de los estudiantes se produce en la sala de clases, más, la verdadera educación es finalmente producto del medio, de la influencia que ejercen las costumbres que modelan la sociedad  en que se vive y el impacto  que  tiene en cada uno de los individuos que la componen, sin desconocer  el efecto que en la educación del ser humano tiene la institución escolar, factor predominante en la entrega de la información y conocimientos que el sistema educativo de un gobierno estima que debe ser transmitido a las nuevas generaciones como necesarias para lograr los objetivos que la sociedad  pretende alcanzar. Sin embargo cuando la sociedad y el sistema político no tienen claro lo que quieren, el sistema educativo tampoco los tiene y las reformas educacionales  que se suceden con demasiada frecuencia en nuestro país, no han logrado estructurar una educación que produzca mejores resultados, estables y sostenidos en el tiempo, ya que los cambios en educación requieren entre 10 y 15 años para demostrar su eficiencia.

Resulta entonces, que la educación que tenemos es lo que la sociedad –más bien quienes tienen el poder para direccionarla – quiere para sí y trata de imponerla para alcanzar sus objetivos, convencidos  que son  los que a la comunidad le conviene, más cuando tiene la pretensión, loable por cierto, de codearse con los países que tienen la mejor educación del mundo y, en ese intento, sale mal parada.

El último informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE 2018), advierte que Chile, uno de sus miembros, es el país donde niñas y niños pasan más tiempo dentro del aula, pero que aprenden menos; con la errada idea de que solo al interior de la sala de clases se puede aprender y que  cuando el profesor las realiza fuera de ese” santuario”, solo pierde el tiempo. Y, para mejorar los resultados el sistema escolar aumenta la atención y la presión en las  asignaturas que son medidas por el Simce y la Psu y sacrifica las de formación humanista. Así, el tiempo y los espacios para el desarrollo de las artes, el deporte, la música, el teatro, la recreación, la sana convivencia, el análisis, la discusión y la formación ciudadana como “conocer” la ciudad y  la comunidad en que se vive; “saber” hacer uso de los espacios de recreación y esparcimiento; “valorizar”  las obras públicas como un patrimonio colectivo y “responsabilizarse” de su cuidado y preservación no resultan ser objetivos que interesen y darles atención es perder  tiempo y recursos. Sin embargo,  no atender la dimensión  humana y socializadora de la educación que la conecta con el mundo real donde  priman los conocimientos duros y los intereses materiales por sobre los valores que nos hacen más dignos y conscientemente libres, aquellos que se inician en la familia, se fortalecen en la institución escolar y se consolidan en la vida social, a nuestra educación le falta mucho que aprender de los países que quiere imitar y debe  abrir puertas y ventanas hacia el exterior ya que fuera del aula también se aprende.

 

 

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