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Opinión

Bárbaros modernos

Alejandro Mege Valdebenito


 Por La Tribuna

24-09-2018_20-17-431__alejandromege

 Se prometen sanciones y leyes para castigar a los trasgresores. Sin embargo, la pregunta es ¿Las sanciones por sí solas resolverán el problema?

 

Inventada la rueda el hombre dio un gran salto  hacia el futuro, con una creatividad que no tiene fronteras; la evolución del conocimiento ha hecho que la ciencia y la técnica abran caminos hacia lugares y acontecimientos  desconocidos; el ser humano sabe más que antes y las distancias físicas no  son obstáculos para conocer el mundo en sus más mínimos detalles y conectarse con los lugares más remotos del planeta y mirarse virtualmente cara a cara con un interlocutor separado a miles de kilómetros. La inteligencia humana ha producido tanto conocimiento que llevó al británico Stephen Hawking, uno de los científicos más famosos del mundo a expresar que: “No se necesita a Dios para explicar el origen del Universo”. Sin embargo, en la revolución científica, el valor de ser humano no ha tenido la misma atención y desarrollo, subordinando la concepción ética de la vida y las actuaciones morales de los individuos a las leyes que dicta la economía y las frías normas del mercado donde “el capital humano” constituye su instrumento y no su objetivo. Así, esta deshumanización ha instalado en una parte importante de la sociedad  un estado de primitivo barbarismo, condición humana que  impide actuar de manera civilizada, condición ésta que no depende de los estudios, los títulos ni la condición cultural ni socioeconómica que se posea. El hombre sabe mucho más del mundo y de la vida   pero no  logra explicar  por qué hace lo que hace cuando sus actos desmienten lo que afirma ser: un individuo provisto de valores de sana y constructiva convivencia familiar y ciudadana, que respeta y protege  el medio ambiente natural y social cuando de manera sistemática lo está destruyendo, ya sea por acción u omisión, sin pensar que se sacrifica el mundo en que vivirán sus hijos y las generaciones que les sucederán.

Lo grave que nos ocurre como sociedad lo constituye el comportamiento vandálico de sectores de estudiantes de establecimientos educacionales  emblemáticos, que acogen a los alumnos más instruidos,  no siempre educados –  que son la esperanza que se tiene, por su situación privilegiada, que miles de otros alumnos hubieren deseado para sí, para construir una sociedad mejor- que amenazan, vulneran y destruyen sin miramiento la institución que los cobija y que, de alguna manera,  destruyen en sí mismos su  condición y dignidad de personas y ciudadanos.

Se prometen sanciones y leyes para castigar a los trasgresores. Sin embargo, la pregunta es ¿Las sanciones por sí solas resolverán el problema?, ¿O tendrá que haber un policía por cada ciudadano? ¿Cuál es la responsabilidad de los padres y el sistema educativo? No podemos olvidar que la sociedad que tenemos la hemos construido todos, algunos con más responsabilidad que otros y que la educación competitiva, individualista y sin valores  es la que como sociedad hemos decidido tener. Por lo que la situación  que se vive no cambiará  con solo con leyes represivas si no hay un sistema educativo formativo en lo humano y valórico, con profesores empoderados y respaldados por la familia, la comunidad y las autoridades.

 

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