lee nuestro papel digital

Opinión

Esplendor de la verdad

La izquierda radical, apoyada casi en su totalidad por los restantes grupos políticos, se ha empeñado en horadar las bases mismas de la cultura que es la expresión de lo que ha cultivado el chileno por generaciones.


 Por La Tribuna

14-09-2018_14-02-371__salvadorlanasu.sansebastián2-1

Los últimos acontecimientos políticos dan la razón a Nicanor Parra, “la izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas”. Afortunadamente, hay un gran espacio de ciudadanos cada vez más reflexivos e informados. El poder político sigue ensimismado en su mundo paralelo y bizarro, dominado por el ideologismo imperante. Las actuaciones lúcidas de alguno de sus integrantes, como los presidentes Lagos y Frei Ruiz-Tagle y algunas senadoras, no alcanzan a traslapar la coraza contra la realidad que tienen sus integrantes. Qué manera de postergar los problemas reales que viven a diario las personas.

Terminada la época de la retórica y de la verborrea no se divisan acciones concretas que nos hagan salir de las cavernas, ilusionados con la estadística y con la apariencia de excelencia que brinda el peso económico de un sector pequeño de la población, entre los cuales se cuenta el mundo político por cierto. Hay un deseo casi patológico, del Ejecutivo y del Legislativo por satisfacer a las minorías vociferantes e ideologizadas y un miedo enfermizo por no parecer políticamente correctos.

La izquierda radical, apoyada casi en su totalidad por los restantes grupos políticos se ha empeñado en horadar las bases mismas de la cultura que es la expresión de lo que ha cultivado el chileno por generaciones. La amistad cívica, el valor sacro de la familia, el respeto irrestricto por las creencias y las tradiciones que tiene el grueso de la población, como asimismo la tolerancia por aquél que profesa su propia confesión. El amor por los niños y la solidaridad con los ancianos. La convicción profunda de que somos un país de hermanos y que los dramas y tragedias vividas no han logrado dividirnos. 17 millones de chilenos miran el futuro con esperanza, pero además caminan por la senda del trabajo y del esfuerzo. Sólo ha quedado atrás, anclada en la división y el odio, esa ínfima  minoría que quiere una realidad acorde con sus particulares aspiraciones y deseos.

Insistiremos una y mil veces que mientras haya una sola niña o niño vulnerado en sus derechos, el país no pasará la zona de  barbarie, a pesar de la apariencia de desarrollo y el regocijo de la clase política y económica dominantes, por estar apoltronadas en su área de bienestar.

Para quienes nos levantamos a diario, apenas despunta el alba y caminamos o tomamos micro para ir al trabajo -vida del porcentaje mayoritario de la población- y además, estamos en contacto de modo cotidiano con una pléyade de jóvenes que estudia todos los días  y se sacrifica para tener un horizonte para ellos, su familia y por lo mismo para el entorno que habitan, la verdad que resplandece -y seguirá resplandeciendo con fulgor inextinguible-  es que la inmensa mayoría de chilenos transita de cara al futuro con la certeza de que su propio esfuerzo y la colaboración con sus hermanas y hermanos de su barrio y ciudad, permitirán el desarrollo integral humano de todos sus habitantes. La obra que enaltecerá al país en el futuro vendrá de la mano de esa clase media chilena que en silencio construye su cultura sin abandonar sus niños y sus ancianos; allí la verdad no sólo será esplendorosa, también tendrá  sabor a justicia.

lee nuestra edición impresa

  • Compartir:
NEWSLETTER

opinión

lo más leído

NEWSLETTER
logo-ediciones-anterioes