martes 10 de diciembre, 2019

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Opinión

Especialistas y vocación de servicio público

Promover en los médicos en formación el compromiso con sus pacientes, la verdadera vocación, la empatía y generosidad es el camino para generar profesionales que encuentren en el servicio público su ámbito de desarrollo.


 Por Cristian Delgadillo Rosales

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Muchos de nuestros compatriotas deben recorrer largas distancias para acceder a  una atención de especialista. Las personas enfermas y con menos recursos económicos son las más afectadas por el serio déficit de especialistas médicos que tenemos en un nuestro país. La situación se complica aún más si el paciente vive en zonas alejadas de los grandes centros urbanos.

El problema es de largo tiempo y ha sido en innumerables ocasiones puesto en la discusión pública, pero no hay indicios de una pronta solución. Menos si consideramos que el envejecimiento de la población y el aumento de las enfermedades crónicas elevarán la demanda por estas atenciones.

De acuerdo a cifras publicadas recientemente, de los casi 24 mil médicos especialistas que hay en Chile, más de 17 mil atienden en las regiones Metropolitana,  de Valparaíso y del Biobío. En nuestra región trabajan 2.292 de estos profesionales. De esta manera,  las tres regiones mencionadas concentran el 75% del recurso médico especializado.

Pero no se trata solo de un problema de concentración geográfica, que se puede justificar porque en estas zonas vive la mayor cantidad de población, sino también de brechas entre el sistema privado y el público, pues alrededor de la mitad de estos especialistas atiende al 70% de la población que acude a la red pública. Nuevamente, y como en tantos ámbitos, los más pobres y enfermos tienen mayores dificultades de acceso.

Lo más preocupante es que, de acuerdo a proyecciones, este problema se agudizará con los años, pues según estimaciones en el 2030 faltarán casi 2.500 especialistas en la red pública. Para resolver estas carencias se deben implementar diversas políticas públicas, por ejemplo, incentivar la formación de especialistas y atraer a médicos especialistas extranjeros con una formación de buen nivel. No obstante, aumentar el número de profesionales no es suficiente. También es necesario mejorar las condiciones de trabajo, la infraestructura y la tecnología en la red pública para que los médicos formados opten por este sistema. Atender a la población más necesitada del país debe transformarse en un desafío atractivo para las nuevas generaciones de profesionales.

Al margen de todo aquello, me quiero detener en un aspecto, en mi opinión, primordial para remediar este problema. Promover en los médicos en formación el compromiso con sus pacientes, la verdadera vocación, la empatía y generosidad es el camino para generar profesionales que encuentren en el servicio público su ámbito de desarrollo. Trabajar en favor de la salud de los más necesitados debe ser un objetivo de vida para buena parte de los médicos que cada año egresan de nuestras aulas.

Es de esperar que muchos sigan el ejemplo de tantos médicos que han consagrado su vida al servicio público. Profesionales que han honrado el juramento hipocrático cada día de su vida y han dejado huella en los hospitales de nuestra zona. En este punto, permítanme recordar a mi padre, un pediatra que se entregó por entero al servicio público en Concepción. Al igual que él muchos ya han partido, en algunos casos sin el justo reconocimiento a una larga trayectoria. Hombres y mujeres que, más allá del estatus que otorga la profesión médica, comprendieron que abocarse a la salud de los seres humanos tiene un sentido noble y trascendente.

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