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Opinión

Distribución del ingreso y crecimiento

La pobreza, medida por ingresos, disminuyó de manera significativa entre 2015 y 2017 pasando de 11,7% a 8,6%.


 Por Cristian Delgadillo Rosales

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El Gobierno dio a conocer los resultados de la encuesta Casen. La pobreza, medida por ingresos, disminuyó de manera significativa entre 2015 y 2017 pasando de 11,7% a 8,6%. Por otra parte, la medición de pobreza multidimensional, no mostró variación respecto de la medición de 2015, al igual que la distribución del ingreso.

Lamentablemente, el gobierno no aprovechó la oportunidad para construir un espacio de diálogo respecto de los desafíos en estas materias. Hizo lo contrario.

Primero, señaló que la distribución del ingreso había empeorado entre 2015 y 2017, lo que es estadísticamente incorrecto. Luego atribuyó la mantención de los niveles de pobreza multidimensional y el “empeoramiento visual” en la distribución del ingreso al menor crecimiento económico y su efecto en los salarios para los grupos de menores ingresos sin justificar con el necesario rigor dichas afirmaciones.

Una dimensión importante de tener presente es que la desaceleración en el crecimiento de los salarios y el empeoramiento en la distribución del ingreso son tendencias globales. La automatización y la mayor concentración de los mercados han recibido creciente atención para explicar estas dinámicas. También es importante tener presente que los impuestos y transferencias del Estado juegan un papel significativo para mejorar la distribución del ingreso. En los países de la Ocde, los impuestos y transferencias reducen la desigualdad en torno a 25%. En el caso de Chile dicho efecto es de sólo 5%.

Algunos sectores de la oposición argumentaron frente a las cifras de la Casen que el estancamiento en materia de distribución del ingreso era la mejor prueba de que el modelo económico debe ser reemplazado. Esta idea no considera que entre 2006 y 2017, pasamos de una pobreza de 29,1% al mencionado 8,6%. Son pocos los países que pueden exhibir un logro similar. No podemos caer en una discusión dominada por posiciones extremas.

Tenemos un tremendo desafío en materia de distribución del ingreso y, al mismo tiempo, la necesidad de fortalecer el crecimiento de nuestra economía. La buena noticia es que estos desafíos no se contraponen. Se complementan. Para seguir creciendo, Chile requiere aumentar la productividad, que sabemos está estrechamente vinculada al emprendimiento, la innovación y la diversificación productiva. Esto requiere darle oportunidades a todo el talento que tenemos en nuestro país. Solo de esta forma podremos enfrentar los desafíos y aprovechar las oportunidades de la transformación digital y así, crear empleos que sustituyan aquellos que se pierden por la automatización.

Y sin embargo, temas tales como la modernización del Estado, la calidad de la educación, las modificaciones a la legislación laboral y al sistema de capacitación que nos permitan enfrentar los desafíos del cambio tecnológico y la innovación como fuente de ventaja competitiva de nuestras empresas, siguen ausentes en la agenda.

En su reemplazo tendremos una discusión tributaria sobre un proyecto que va en la dirección opuesta en materia de distribución del ingreso y donde la medida pro inversión que sobresale es una depreciación acelerada de carácter transitorio que sólo se justifica si el gobierno espera una desaceleración de la inversión en el horizonte cercano.

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