jueves 22 de agosto, 2019

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Opinión

La filosofía del feminismo

El hombre, a pesar de todo, no es el hilo conductor y lo confirma la batalla por obtener el voto femenino.


 Por Cristian Delgadillo Rosales

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Ernst Tugendhat, notable pensador alemán, sostiene que la antropología no es simplemente una disciplina filosófica entre otras, sino que se la debería entender como la filosofía primera, es decir, que la pregunta “¿qué somos como seres humanos?” es aquella en que tienen su base todas las preguntas y disciplinas filosóficas.

¿Tiene el feminismo un sustrato filosófico? ¿Responden los movimientos actuales  a alguna corriente de pensamiento o teoría política?  Desde la irrupción de la filosofía en la Grecia y Roma Clásicas, ha habido pensamiento de mujeres (véase a  Gilles Ménage, Historia de la Mujeres Filósofas).

Quisiera encarnar en Clara Campoamor, extraordinaria pensadora, escritora y abogada española, la quintaesencia del feminismo, que es la  lucha por la vindicación de la mujer, fundada en una mirada antropológica, la mujer  es un ser humano, es una persona al igual que el hombre y por tanto con igualdad de derechos. El feminismo de este cuño es una vindicación de justicia, de verdad y de libertad.  ¿Cuál es el escenario? Las cortes españolas de 1931. Una comisión de 21 diputados (ella la única mujer) redacta la nueva constitución y propone un decisivo artículo: “No podrá ser fundamento de privilegio jurídico, el nacimiento… Se reconoce, en principio, la igualdad de derechos de los dos sexos”. Clara sabe la importancia que tiene el buen uso del idioma y rechaza la expresión “en principio” y propone: “No podrá ser fundamento de privilegio jurídico, el nacimiento, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas y las creencias religiosas”. Por un escaso margen vence su postura y se consagra la igualdad de derechos.

Dos hechos le ayudan a clarificar aún más el sentido de su causa. Un diálogo con su cuñada: “No te sientas más mujer por tener un hombre a tu lado;  ni tú más lista por no tenerlo”. Muestra que el hombre, a pesar de todo, no es el hilo conductor y lo confirma la batalla por obtener el voto femenino, donde Victoria Kent, la otra diputada, se opone al igual que su propio partido. Vence finalmente su posición.

¿Sucede en Chile algo similar actualmente? Si no es así o se fuese en otra dirección, sería dramático, puesto que se obnubilaría un problema real, la deuda que tiene el país con la mujer, en especial con la mujer trabajadora, no obstante estar consagrado en la constitución la igualdad de derechos de todas las personas sin condiciones.

El Congreso de nuestro país es uno de los lugares llamados a representar  la riqueza de la causa de la mujer  y para la Universidad es un imperativo,  pues, es el sitio por excelencia de la racionalidad, el diálogo reflexivo, el argumento fundado, la búsqueda de la verdad, el espíritu formativo y la conciencia crítica de la sociedad.


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