jueves 22 de agosto, 2019

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Un país en deuda con las mujeres

Muchas mujeres no ingresan al campo laboral porque se deben quedar a cargo de sus hijos, familiares enfermos o ancianos. Otras logran ingresar al campo laboral, pero realizan empleos a tiempo parcial o en el sector informal para dedicar tiempo a las tareas de la casa.


 Por Cristian Delgadillo Rosales

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Las demandas femeninas han copado la agenda noticiosa de los medios poniendo en evidencia situaciones que han afectado a las mujeres por décadas. A los hechos de violencia y acoso, se suman injusticias como el costo más alto de los planes de salud en las isapres o las pensiones más bajas debido a su mayor expectativa de vida y lagunas previsionales. A pesar de los avances sociales de los últimos años que han permitido, por ejemplo, que las mujeres accedan a estudios superiores a la par con los varones, la realidad sigue siendo más difícil para ellas.

Un ámbito en el que se observan  estas diferencias es el laboral. Aunque Chile paulatinamente avanza, la participación de las mujeres continúa siendo menor si nos comparamos con los países de la OCDE e incluso con las naciones latinoamericanas. En nuestro país, en 2017, la tasa de participación femenina alcanzó al 48%, en cambio en los hombres el porcentaje ascendió a 71%. Para tener un punto de comparación, podríamos acotar que el promedio de participación laboral femenina en Latinoamérica llega al 55% y en los países nórdicos, que lideran a nivel mundial, alcanza al 66%. Queda claro, entonces, que nos resta mucho por progresar en este ámbito.

También tenemos como desafío acortar las brechas salariales que afectan a las mujeres. Ellas tienen un ingreso medio mensual un 31% inferior al que perciben los hombres. Superar esta y otras diferencias depende de la implementación de políticas públicas que fomenten el empleo femenino y el acceso de mujeres a cargos de responsabilidad en las organizaciones. Pero también pasa por generar cambios al interior de las familias que fomenten ambientes de igualdad en que tanto ellos como ellas asuman, por ejemplo, las labores domésticas y de cuidado.

Muchas mujeres no ingresan al campo laboral porque se deben quedar a cargo de sus hijos, familiares enfermos o ancianos. Otras logran ingresar al campo laboral, pero realizan empleos a tiempo parcial o en el sector informal para dedicar tiempo a las tareas de la casa. Aunque es claro que avanzaremos si implementamos sistemas de protección de  niños y ancianos que permitan alivianar la carga de las familias, es urgente que los hombres asumamos que el cuidado de los hijos y padres no es una tarea exclusiva de las mujeres.

Es fundamental que las nuevas generaciones desde ya entiendan que para lograr una sociedad equitativa los cambios deben empezar en el ámbito privado. Algo que  quienes hemos vivido más, hemos ido aprendiendo en el transcurso de la vida.

Y así como ellas deben salir de aquellos espacios que han ocupado de manera tradicional, debemos fomentar que incursionen en sectores en que puedan acceder a mejores ingresos. Necesitamos cada día a más mujeres estudiando en áreas de las ciencias, ingeniería y tecnología, áreas que aún no se benefician de todo el aporte que las profesionales y técnicas mujeres, con sus particularidades, pueden entregar. Aquello lo lograremos si, desde la educación inicial, padres y profesores estimulan todo el potencial de las niñas sin caer en sesgos.

Asimismo, debemos fomentar la capacitación de las trabajadoras, la especialización de las profesionales, el emprendimiento y el acceso a los cargos de poder. En todos los ámbitos, ellas han demostrado que son capaces y nuestro país no logrará llegar al anhelado desarrollo sin su invaluable contribución.


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