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Opinión

El arte se mueve…ahora falta la cultura

Mario Ríos Santander.


 Por La Tribuna

22-05-2018_20-55-441__mariorios

En efecto  Bodega 44, Perfiles y Siluetas, lo está logrando. En calle Condell, casi esquina con San Martín, funciona esta sala de teatro admirable y siempre repleta, con un público que ya se incorporó al arte escénico, leal y permanente.

 

En el lenguaje diario, la cultura tiene para la mayoría, una dimensión efectiva sólo en el arte. Si una comunidad no tiene ninguna manifestación artística, se dice que ella es inculta. Pero veamos. Es verdad que el arte es un buen soporte para la cultura, pero, es de toda evidencia, que no es lo único o más profundo aun, no es lo principal. ¿Puede una comunidad no contar con manifestaciones de arte y considerarse una sociedad culta? Sí. Acerquémonos entonces en una definición de cultura, advirtiendo que hay más de una en el imaginario mundial. Expongo la  que más me acerca a mi visión crítica, Cultura: “Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimiento  en sus diversas manifestaciones, con que se expresa una sociedad”. Ahora bien, tal definición, como en realidad son las otras similares, se expresan aceptando lo existente en una sociedad. Por ello, la expresión cultural tiene también diversas manifestaciones empíricas, todas respetables, pero observada a la luz de una cultura común, en nuestro caso, manifestada en la “cultura occidental”.  Ello implica ciertas manifestaciones que harán más o menos culto a un pueblo, una comunidad o sociedad. ”Esta comunidad es inculta porque bota la basura en la calle”, se oirá por ejemplo para saber su grado de aceptación a ciertas normas de nuestra cultura general. “Estuve con gente muy culta ayer. Hablamos sobre nuestra historia y analizamos los diversos asentamientos humanos que en ella se generaron”. Esta es una conversación culta. “Ayer fui a la tertulia y se habló de la cuestión árabe en la coyuntura política actual”. Expresión culta en el parámetro aceptado. ¿Y el arte? Veamos una definición: “Manifestación de la actividad humana, mediante la cual, se interpreta lo real o se plasma lo imaginado, con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.”.  De tal definición, podríamos concluir que, la Corporación Cultural de la Municipalidad, es más bien una Corporación del Arte y leyendo su página On Line, hay orientaciones artísticas variadas y entretenidas, pero de cultura,  más allá del arte,  nada.

 

¿Y tiene obligaciones con la cultura? En realidad, para la comuna, los primeros responsables de su cultura, son todos sus habitantes y en su representación, los miembros del Concejo. En ellos, se encuentra tal responsabilidad, pero como no se ejerce plenamente y más delicado todavía, sus actos son tan politizados (o partidizados),  en estas materias, que  surgen corporaciones diversas (La del Patrimonio y sus tertulias por ejemplo), para reemplazar lo institucional. 

 

¿Y cuál es el resultado de todo esto?

 

Que el arte se mueve y mucho, pero la cultura no.

 

Veamos. No es común que en una comuna con las dimensiones de Los Ángeles, tenga teatro todas las semanas. En efecto  Bodega 44, Perfiles y Siluetas, lo está logrando. En calle Condell, casi esquina con San Martín, funciona esta sala de teatro admirable y siempre repleta, con un público que ya se incorporó al arte escénico, leal y permanente. Y en el Teatro Municipal, algo más institucional y con más recursos, el Ballet y la Ópera entre otras manifestaciones.  Lo último, La Traviata, una voz admirable de Violeta, la protagonista, que se habría lucido más si no fuera por una mujer que corría por el frente del escenario, gesticulando, levantando brazos, ordenando a los cantantes, que los tenía asustados y pidiendo luz en diversos puntos de sus carreras desesperadas. Habría sido una Ópera mejor sin tanto “lucimiento” de este personaje. Pero, ahí estuvo el arte. Y terminó con satisfacción de un teatro repleto de público. El arte se mueve y se mueve bien. Esperemos que la cultura sea  lo mismo.

 

Mario Ríos Santander.

 

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