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Opinión

Ni cojos ni ciegos, somos personas en situación de discapacidad

Todos son calificativos que limitan aún más a las personas que estamos en situación de discapacidad.


 Por La Tribuna

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Soy Catherine Gómez Bobadilla, una persona que vivió la mitad de su vida sin ninguna limitante de movilidad, es decir, de igual forma que la mayoría de los que están leyendo esta columna.

A los 19 años tuve un accidente que cambió la manera cotidiana de desempeñarme en el día a día: quedé sin movilidad en una de mis piernas.

Hoy me muevo por toda nuestra provincia del Biobío con una prótesis en la pierna derecha y en moto, con todas las limitantes y beneficios que eso conlleva. Más allá de relatar mi historia, quiero hablar del cómo se refieren hacia nosotros.

Es común escuchar a las personas decir “el cojo, la cieguita, el minusválido, el enfermito, personas con capacidades diferentes o especiales”, como si fuéramos de otro planeta. Todos son calificativos que limitan aún más a las personas que estamos en situación de discapacidad.

Debemos entender que este concepto define a las personas que por su condición de salud física, psíquica o intelectual, entre otros, enfrenta impedimentos de participación plena al momento de interactuar en sociedad.

En definitiva, y en consideración a lo anterior, una persona podría presentar una situación de discapacidad en un espacio público con diversas barreras como, por ejemplo, la poca accesibilidad; y la misma persona podría desenvolverse plenamente (sin-discapacidad) si estas barreras fuesen eliminadas y se considerase la accesibilidad universal.

Grafiquemos esto con una persona en situación de discapacidad visual, si accediera a un servicio público que estuviera condicionado para atenderlo, no tendría que ser atendido con fila especial o por un determinado funcionario, sino que simplemente ser atendido.

Otra idea que les quiero transmitir con estas palabras es que la vivencia de la discapacidad cambia, modifica el medio social, económico y político donde nos desenvolvemos.

Y, para mí, la clave estaría en transformar y diversificar el entorno, y no centrarse en las barreras propias de la persona. Para iniciar este cambio que vive nuestro país es vital tomar conciencia y hacer cambios en el lenguaje, ya que las palabras van asociadas a ideas, las palabras construyen realidad. Todos los conceptos que hablamos diariamente se transmiten en el tiempo a través de las diversas interacciones y algo muy cierto es que, si queremos cambiar nuestras concepciones con relación a la discapacidad, uno de los primeros pasos será cambiar las palabras que dan sustento a dichas ideas y valores.

En definitiva, lo que quiero plantear es que como sociedad necesitamos respetarnos y valorar la diversidad y que, por cierto, la mejor forma de referirse a cualquier persona es por su nombre, porque primero somos personas, independientemente de nuestras discapacidades, y no cojos, discapacitados ni minusválidos.

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