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Opinión

El sube y baja del Simce = cero

En este panorama, los únicos damnificados son los estudiantes.


 Por La Tribuna

21-05-2018_19-25-361__alejandromege

Los bajos resultados del Simce 2017 rendido por los alumnos de 4º y 8º básico y 2º medio ya no resultan una novedad, con pequeñas alzas y retrocesos, se mantienen estancados durante los últimos diez años, aun cuando conocidos los resultados se comprometen medidas para remontarlos, compromisos y acciones del gobierno, del ministerio del área y los sostenedores, que no terminan por implementarse y que rara vez tienen eco en la sala de clases, más cuando las numerosas variables que impactan en los resultados no logran alinearse en torno al objetivo común que no es solo mejorar la cantidad y calidad de los aprendizajes sino que alcanzar también la formación integral de los estudiantes que sea demostrable con  actitudes  positivas en la convivencia familiar, social y ciudadana.

Nuestro sistema educacional, que no funciona como sistema, donde cada unidad educativa ha generado una cultura que le caracteriza, que tiende a  reproducir sus resultados, que carece de unidad, de motivaciones y desafíos asumidos para ser mejor y que actúa más por presiones externas, sean sociales,  políticas o económicas,  para mostrar resultados cuantitativos que no son sinónimos de calidad, pero que le permiten contar con una clientela para subsistir y da a los profesores cierta estabilidad laboral. Así, las instituciones educacionales, incluso pertenecientes a un mismo sistema,  en lugar de  colaborar entre sí, buscan destacarse por sobre las demás, compiten con sus iguales para sobresalir en los ranking con procedimientos que no siempre resultan ser los pedagógicamente recomendables ni formativos.

Este escenario educativo, competitivo e individualista, que busca resultados para figurar en los ranking, que malentiende lo que es calidad, puede ser el factor que afecte la dedicación comprometida de los profesionales de la educación, que no se sientan cómodos por la presión que se ejerce sobre ellos, ni identificados por la forma como se administra la educación, que no compartan los fines utilitarios que se pretenden, ni los medios que se utilizan. Los profesores, los actores más importantes del sistema educativo – después de los alumnos – a quienes se responsabiliza de los bajos logros educativos que se reiteran sin variaciones, no tienen participación en el diseño e implementación de las políticas educativas que no sea la de ejecutores de un libreto diseñado por quienes, en su mayoría, no han estado nunca en una sala de clases con alumnos vulnerables. Sin embargo, en este panorama los únicos damnificados son los estudiantes y sus familias cuando los resultados del Simce, sumando y restando de un año con otro, son iguales a cero y con ello el sueño de miles de jóvenes de tener una educación que les permita alcanzar una vida más digna y justa, para acceder a los bienes productos de la civilización y la cultura, sean   solo sueños.

Los profesores, con o sin Simce, pueden ser el puente  entre esos sueños y la realidad.

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