miércoles 17 de julio, 2019

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Opinión

Rol de la familia y el Estado en la educación sexual

Hoy más que nunca debiera primar una ética que llamamos colaborativa, que parte por una claridad de la inteligencia para entender que la construcción del país es tarea de todos.


 Por Cristian Delgadillo Rosales

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El oficio hace que lo medular de una reflexión apunte principalmente a hacer muchas preguntas y esbozar apenas algunos elementos que posibiliten una respuesta.  Aquí se menciona un aspecto de la educación, la sexualidad. ¿Es responsabilidad de los padres o del sistema de educación?  ¿Hasta dónde puede inmiscuirse el Estado? ¿Cómo equilibrar los temas valóricos con aspectos de salud pública?  Y aquí aparece un abanico de posturas: partidos políticos, centros de estudios, universidades y cofradías de todo signo. Este punto y otros similares, tan decisivos para la vida de las personas ¿es sólo una suerte de pandemónium de opiniones? O  ¿Existe  un referente que sirva a todos por igual?

La respuesta  pareciera de Perogrullo, sin embargo, se oscurece porque no pocas veces predominan  ideologías,  creencias o  fundamentalismos.  Independiente de las legítimas miradas que se tenga de la realidad, existe  una carta de navegación que rige la vida de todos los habitantes del país. La Constitución, en su texto final del año 2005  y firmada por un presidente  democrático, declara los principios que guían la vida nacional.  ¿Y qué dice el texto atingentemente?  El capítulo I, artículo 1, expone: “Las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. “La familia es el núcleo básico….” “El Estado reconoce y ampara a los grupos intermedios…”  “El Estado está al servicio de la persona humana…“ “Es deber del Estado dar protección a la población y a la familia…”     

Los poderes del Estado deben ceñirse, al igual que todos sus habitantes, a lo que establece la Carta Magna, más allá de sus convicciones y creencias. Las preguntas de inicio pueden ser respondidas si se presta una  atención adecuada a lo que establece la Constitución. Hay un orden prioritario y jerárquico de principios a seguir. De acuerdo al texto, quien tiene el derecho y la responsabilidad preeminente de educar a los hijos,  son los padres. Pero también lo tiene el sistema educativo. ¿Esto significa que el Estado tiene que estar ausente? Por cierto que no, puesto que tiene que velar para que todos los niños y jóvenes tengan acceso equitativo a la educación.

De acuerdo a la Constitución ¿estamos en presencia de un Estado subsidiario? La respuesta es afirmativa y ¿estamos del mismo modo en presencia de un Estado solidario? Y la  respuesta es igualmente afirmativa. No tiene cabida en nuestra sociedad un Estado ausente como quieren los liberales extremos. El Estado tiene la obligación de velar por el bien común, por tanto, fija las condiciones para que las personas y las instituciones se puedan desarrollar. Tampoco es admisible un Estado que se inmiscuye en la vida de las personas y violente su libertad, como quiere el socialismo de ultranza. La educación sexual no es algo que atañe al Estado sino a los padres y las familias. Sí, es labor del Estado velar por la salud preventiva de la población. Hoy más que nunca debiera primar una ética que llamamos colaborativa, que parte por una claridad de la inteligencia para entender que la construcción del país es tarea de todos y sigue con una actitud del espíritu por acoger la visión del otro como elemento que enriquece y aporta.


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