lunes 20 de enero, 2020

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Opinión

El momento Instagram (primera parte)

Arturo Arriagada, escuela de Periodismo Universidad Adolfo Ibáñez.


 Por LESLIA JORQUERA

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¿Qué nos lleva a querer contarle al resto que estamos en la playa mirando el mar?

El capítulo “Nosedive” de la tercera temporada de Black Mirror plantea varias preguntas en torno a la vida que transmitimos en Instagram (y la dependencia al momento feliz).

Una de las virtudes de la comunicación digital es que podemos administrar nuestra visibilidad, con más o menos filtros, con más o menos control sobre nuestros datos. Como nos mostramos online es cómo nos gustaría que el resto nos viera permanentemente. El momento Instagram -que no es más que ese momento que definimos como socialmente deseable- casi siempre es un buen momento. En la playa, en el mall, en el parque, de viaje por el mundo, con los hijos, muy enamorados, mostrando lo mejor de cada uno.

Lacie, la protagonista de Nosedive, el primer capítulo de la tercera temporada de Black Mirror, aspira a mejorar su “rating social”, ese puntaje que refleja cuán valorada es por los otros a través de una aplicación donde los usuarios comparten sus buenos momentos. Lacie tiene un rating de 4.2 y si llega a 4.5 puntos puede acceder no sólo a beneficios sociales, como codearse con gente con mejores puntajes, sino también económicos. Ese puntaje le permite obtener un descuento para comprar un departamento en un condominio.

La trama de este capítulo y la aplicación descrita no tienen nada que ver con Instagram, pero se acerca bastante a lo que allí ocurre. La idea de esta columna no es ser un spoiler de la serie, pero sabemos que el foco de Black Mirror es una lectura bastante distópica del impacto de las tecnologías digitales en nuestras vidas.

Salgamos del formato distópico. ¿Qué ocurre en nosotros cada vez que compartimos una foto en Instagram? ¿Qué nos lleva a querer contarle al resto que estamos en la playa mirando el mar? Los estudios antropológicos y sociológicos demuestran que aquello que nos motiva son nuestros deseos de validación social. Queremos ver y ser vistos. Básicamente, queremos que nos quieran. Qué mejor forma de resolver esa complejidad social que hacer clic en un corazón.

Qué rara esta columna. Hasta ahora siempre se ha dicho que lo que vemos y compartimos en Instagram sólo responde a nuestros deseos narcisistas, de mostrarnos únicos y superiores. Sin olvidar la ansiedad que eso puede generar. Claro que sí, pero esa afirmación calza mejor con los “personajes” que muchos se inventan para poder acumular likes y acceder no solamente a beneficios sociales, sino económicos. También con aquellas personalidades más expresivas y necesitadas de atención. Hay otro mundo en Instagram -uno más cotidiano, menos efusivo- donde un “me gusta” es una forma de comunicación humana, de cariño, de emoción. El “momento Instagram” no siempre es vanidad, también es compartir con otros los buenos momentos, como una forma de empatizar que se hace visible y cuantificable. También es una forma de hacer comunidad, de encontrarte con otros como tú, que tienen intereses y gustos parecidos.

En los tiempos que corren -con la desconfianza en torno al uso de los datos y la ansiedad que genera en muchos como Lacie el uso de los medios sociales online – el “momento Instagram” tiene un lado muy humano, facilitado por esta tecnología que nos permite compartir, celebrar y empatizar en torno a un buen momento. En la próxima columna, le daremos otra vuelta al momento Instagram, una lectura un poco más oscura al estilo Black Mirror.

Arturo Arriagada, escuela de Periodismo Universidad Adolfo Ibáñez.

 

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