martes 21 de enero, 2020

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Opinión

Cuando las libertades no existen

Mario Ríos Santander


 Por LESLIA JORQUERA

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 Para el PC y el FA, efectivamente, es imposible responder a la defensa que Kast hace de la familia. […] Entonces, lo mejor es un puñetazo, un grito ordinario o tierra lanzada en los ojos para dejarlo caer.

A veces es tan sutil el límite de ciertos valores propios de la sociedad, la libertad por ejemplo, que las más de las veces en este ir y venir del debate público, lo principal, pasa a ser accesorio.

Este hecho, de evidencia absoluta, ha tenido en la última semana, espacios alarmantes, que aunque se manifiestan claramente, los comentaristas de siempre, aquellos pretendidos especialista que han adquirido una cierta capacidad para distorsionar las cosas, se han ufanado hablando, provocando reacciones con anuncios legislativos y otras formas propias del debate mentiroso. El ejemplo de Kast, motivo de cientos de comentarios en la prensa, una buena parte de ellos, absolutamente distorsionadores de la realidad, se transformó en la cumbre de aquello que, con lo accesorio se pretende marginar lo principal. A Kast, simplemente le aplicaron la fuerza como respuesta de lo imposible. Para el PC y el FA, efectivamente, es imposible responder a la defensa que Kast hace de la familia. Esta, la familia, escollo relevante de la izquierda en la conformación de una sociedad disminuida, sin diversidad, como la que persiguen conformar, tiene en su naturaleza tal fuerza, que no existe aún lenguaje, razón ni forma alguna de hacerla desaparecer. Entonces, lo mejor es un puñetazo, un grito ordinario o tierra lanzada en los ojos para dejarlo caer y ahí pisotearlo hasta matarlo, (así lo dijeron líderes del PC), a costa de provocar un hecho criminal ocultado el debate de la libertad. Con Jaime Guzmán hicieron lo mismo. Y con otros 20 millones en el mundo también.

Lo anterior, no lo fue todo. La advertencia de líderes de la desaparecida Concertación, en torno a que, “hay que dejar que las instituciones funcionen”, tampoco existió en el fallo del Tribunal Constitucional. Es ese Tribunal, creado en el Gobierno de Salvador Allende, por imposición de la Democracia Cristiana establecido en el Estatuto de Garantías, que permitió el apoyo DC a ese gobierno marxista, rechazó la constitucionalidad de un artículo aprobado en el Congreso que prohibía la existencia de utilidades (o lucro), en la administración de una universidad. Para la izquierda, este hecho grave, adquirió especial relevancia, cuando una ex ministra del PPD, solicitó al TC, revisión de constitucionalidad de dicho artículo. Esto fue inaceptable. Entonces, senadores de la Nueva Mayoría, (¿existe aún?), juraron venganza pública, “Haremos desaparecer este TC”, fue la violenta respuesta. Sí, desaparecer la institucionalidad, identificada con la Constitución, convirtiéndose en algo parecido a la defensa de la familia de Kast. En efecto, el valor de la Constitución chilena, la única, que inicia su estructura con la defensa de la persona, sus derechos y obligaciones, la familia, grupos intermedios, es de tal fortaleza, que cualquier forma posible por destruirla, lo harán y como no han tenido la fuerza política para lograrlo, y ahora menos que nunca, se lanzan  en picada contra la institución que la interpreta y protege.

La libertad, aquel valor que se desprende de la voluntad y por tanto,  lleva implícita la responsabilidad, es entonces un asunto de cuidado. El hecho que manoseen nuestra sociedad, amenazando terminar con su institucionalidad, es apartarse de la República y por tanto la Democracia, no tiene valor alguno. Esto se entiende porque el PC y el FA, no reconocen en la República, el sustento superior que ordena una sociedad. Por ello, refiriéndose a Chile, el trato es de “este país”. Hablar de la República de Chile, es un estorbo, hablar de la Nación chilena, mucho más. Ambas sustenta la libertad, valor, que pretenden desaparecer. 

        

Mario Ríos Santander

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