miércoles 17 de julio, 2019

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Opinión

Observando Caracas

Mario Ríos Santander.  


 Por LESLIA JORQUERA

27-02-2018_20-48-531__MARIORIOS

Venezuela, otrora riquísima, se farreó su fortuna. Nunca procuró desarrollo. ¿Algún lector ha conocido alguna vez en su vida un producto “hecho en Venezuela”?. Creo que ninguno, salvo algunas revistas “del corazón” impresas con figuras sensuales de varias miss venezolanas, todas fabricadas bajo el bisturí.

Su denominación, Caracas, surge de los indígenas que habitaban ese lugar, los Caracas que, a la llegada de los españoles, se rebautizó con el nombre de “Santiago León de Caracas”. Hoy, una mega ciudad que escala los cerros vecinos, se ha transformado en un problema que se extiende por todo el hemisferio occidental. Aunque muchos son los actores de esta complejidad, todo se resume en uno solo: Nicolás Maduro. En su billetera hay miles de millones de dólares, pero que no bastan hoy para satisfacer los cada vez más exigentes habitantes de Venezuela. Y por cierto, están muy lejos, a modo de comparación, de otros presupuestos públicos de América Latina, como es el caso de Chile que lo supera ampliamente, considerando que los valores fiscales administrados por su gobierno que, con sólo es el 25% del recurso nacional, permiten disponer de US$ 4.000 por cada habitante del sector subsidiado de Chile, valor este, no comparable con ningún estado latinoamericano.

Venezuela, otrora riquísima, se farreó su fortuna. Nunca procuró desarrollo. ¿Algún lector ha conocido alguna vez en su vida un producto “hecho en Venezuela”?. Creo que ninguno, salvo algunas revistas “del corazón” impresas con figuras sensuales de varias miss venezolanas, todas fabricadas bajo el bisturí. Recuerdo haber visto aviones de carga, muchos aviones, en el amanecer de La Guaira, aeropuerto internacional de Caracas, descargando pan!. Sí, el pan lo hacían en Panamá o Miami. A mediodía llegaban los pollos y carnes diversas y junto a ellos, cientos de aviones con las verduras. En Venezuela, salvo excepciones, no había productos básicos y ahora menos, desaparecieron todos. La Venezuela riquísima, desapareció tras los bigotes de Maduro y del odio de Diosdado Cabello, secundón peligroso de la “Revolución bolivariana” nacida bajo el alero de un caudillo ignorante, Hugo Chávez.

   

Caminaba, con fuerte protección policial, por calles de cerros altos y pobres. Ausencia absoluta de “puestos varios”, para abastecimiento rápido, tan común en el resto de América. Algunos que existieron quedaron de muestra con sus letreros pintados en su frontis. Sus muros sucios, dan cuenta del despojo socialista que gobierna dicho país. Mi andar se dirige a una escuela que abrió sus puertas para elegir al parlamento. Por lo alrededores, pululan decenas de camiones y camionetas, llevando enormes parlantes emitiendo himnos militares que recuerdan a Hugo Chávez. En verdad, son insoportables. Es que sólo en diez minutos se cruzaron conmigo seis de ellos a todo volumen. Luego, le siguen las motos, miles de motos, partidarios de Maduro que recorren el barrio, lista en mano, avisando y acarreando mayores para obtener su voto. Vi llegar a esa escuela, decenas de viejos asustados que los traían en el asiento del copiloto. Los dejaban, miraban la lista, algo arrugada del bolsillo de sus pantalones y aceleraban raudo a buscar otro “antirrevolucionario”. En el interior del recinto, recojo miradas, asustadas miradas que dan la impresión de querer decir algo. Me acerco a algunos de ellos y en sordina expresan sus temores. “Es extranjero”. Sí. “De dónde viene?”. Chile. “Está de observador electoral”. Sí. “¿Puedo decirle algo?”. Sí, adelante. Y comenzaba una larga letanía de denuncias diversas que culminaban con una petición. “Por favor, detenga a esos camiones repletos de parlantes que vociferan con sus marchas todo el día, desde el amanecer…nos tienen locos”.

 

Vuelvo a Chile, convencido que la Revolución Bolivariana de Chávez, Maduro y otros, destruirá toda Venezuela.

Mario Ríos Santander  


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