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Opinión

La triste historia del distrito 21

Lucas Serrano Barraza. Académico de Administración Pública Universidad San Sebastián.


 Por La Tribuna

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Las próximas elecciones parlamentarias marcarán un hito en nuestra historia electoral al ser las primeras, desde el retorno a la democracia, sin el cuestionado sistema binominal. Para lograr el fin de este sistema electoral, nuestro poder político tomó dos grandes determinaciones: aumentar el número de parlamentarios y hacer un re-distritaje. El motivo es sencillo, para acabar con los efectos del binominal se necesitaba elegir a más de dos parlamentarios por distrito. Esta idea no es nueva, ya que el politólogo Giovanni Sartori en su libro del año 1994 “Ingeniera Constitucional Comparada” señalaba que uno de los principales problemas con nuestro sistema de elección parlamentaria era que elegíamos muy pocos representantes por distrito, lo que volvía el sistema poco proporcional.

Fue en este sentido que nuestro Congreso, al crear la nueva Ley electoral, no sólo decidió aumentar el número de parlamentarios, sino también redistritar el país, elaborando zonas electorales de mayor tamaño. Con estos cambios, se elegirán ahora de 3 a 8 diputados por distrito, logrando así aumentar la proporcionalidad de nuestro sistema, haciendo más fácil el ingreso de terceras fuerzas.

Hasta ahí todo bien. Sin embargo, una de las consecuencias más llamativas de este nuevo distritaje se puede ver hoy en la Región del Biobío, donde se creó un distrito que no sólo junta dos provincias con realidades diametralmente distintas, sino también se trata de dos zonas que no tienen una ruta que las una. Hablo del distrito 21, que está compuesto por las comunas de Arauco, Cañete, Contulmo, Curanilahue, Lebu, Los Álamos, Lota, Tirúa, Alto Biobío, Antuco, Laja, Los Ángeles, Mulchén, Nacimiento, Negrete, Quilaco, Quilleco, San Rosendo, Santa Bárbara y Tucapel.

La fusión de los otrora distritos 46 y 47 es un claro ejemplo de lo que pasa cuando las determinaciones electorales se hacen desde el centro de poder, sin ver las realidades locales. Puesto que cualquier persona con algo de conocimiento sobre nuestra región y su idiosincrasia, puede ver el contrasentido que se da al juntar las necesidades de la Provincia del Biobío con las de la Provincia de Arauco.

Por un lado, tenemos a la pujante Provincia de Biobío, la que tras la salida de la Provincia de Ñuble de la región, comienza a posicionarse como el segundo polo urbano más importante de la Octava Región. Por eso en los últimos años la creación y retención del capital humano especializado han sido parte de las temáticas más destacadas en esta provincia, en conjunto con demandas y desafíos medioambientales que son propios del crecimiento armónico que una provincia con visión de futuro debería tener.

Por otro lado, tenemos al hermano olvidado de la región: la provincia de Arauco, la cual vive una lucha constante contra el desempleo y los altos índices de pobreza. Además de tener una casi inexistente industria pesquera y depender fuertemente de la industria de la celulosa, y con ello, de todas las externalidades negativas que esta trae. Si a esto agregamos la presencia de una arista del conflicto mapuche en Alto Biobío, nos encontramos con una zona llena de desafíos, que son muy distintos a los que hoy enfrenta la otra provincia del distrito.

Los 215 kilómetros que separan Lebu (capital de Arauco) y Los Ángeles (capital de Biobío) no cuentan con una ruta pavimentada y transitable que las una. Esto obliga a los que quieran desplazarse entre las dos ciudades más importantes del distrito, tener que viajar a la Novena Región o tener que pasar por Concepción, demostrando la brecha que hoy separa ambas zonas.

Con el fin al binominal esta zona pasó de elegir 4 diputados a 5, lo que matemáticamente hace que aumente la proporcionalidad de su representación, sin embargo, al verse obligadas a juntarse con otra provincia, ambas localidades perdieron la visibilización de sus temáticas y su bandera de lucha, sobre todo en el caso de la Provincia de Arauco, la cual hoy debe compartir representatividad política con una provincia que tiene más del doble de habitantes. Así queda en evidencia que por muy necesaria que sea una ley, si esta no se elabora teniendo en cuenta las particularidades locales, puede dejar efectos nocivos y contraproducentes como este.

 

Lucas Serrano Barraza.

Académico de Administración Pública

Universidad San Sebastián.

 

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