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Opinión

Aylwin y la franja electoral

Salvador Lanas Hidalgo. Director académico Escuela de Liderazgo Universidad San Sebastián


 Por La Tribuna

02-11-2017_19-53-111__SalvadorLanasUSS1

 Aylwin pasará a la historia por ser el artífice y conductor de la transición a la democracia, período post-dictadura, quizá el más duro y difícil que le haya tocado vivir a un Presidente.

 

La aparición de Patricio Aylwin en la franja política ha generado un intenso debate en el mundo político. ¿Se justifica el revuelo? Si no compartimos el aforismo de Jardiel Poncela, de “quien no se atreve a ser inteligente, se hace político”, la respuesta debiera ser negativa, puesto que el hecho es significativo, pero no va más allá de la dinámica de su propio quehacer. 

 

¿Es correcto que aparezca su figura transversalmente? Los hechos son de dominio público; la verdad es más compleja y siempre requiere de un análisis racional para que aflore, sobre todo en política. Patricio Aylwin, durante toda su vida perteneció a un partido determinado, no obstante, su rol histórico ha hecho que trascienda su propio ámbito y se constituya en un referente  político y -para muchos-  moral.

 

Jugó un rol decisivo junto a otros líderes  demócratas cristianos, en la creación de la Confederación para la Democracia, pacto electoral compuesto por la DC, la derecha y un sector del radicalismo que enfrentaron con eficacia a la Unidad Popular -coalición gobernante de izquierda- en las elecciones parlamentarias de marzo de 1973, alcanzando cerca del 56% de los votos.

 

Sin embargo, Patricio Aylwin pasará a la historia por ser el artífice y conductor de la transición a la democracia, período post-dictadura, quizá el más duro y difícil  que le haya tocado vivir a un Presidente y lo hizo exitosamente, como lo prueba la continuidad de gobiernos democráticos hasta nuestros días.  Liderar ese período requería de una gran claridad de ideas, temple de espíritu y la virtud por excelencia de la política, la prudencia. Él articula, además, la llamada política de los acuerdos, que  posibilitaron un desarrollo nuevo para el país. 

 

¿Y la ética está ausente de este análisis? ¿El uso de su figura en la franja en comento, no es un exceso?  A contrapelo de lo que dice Moore Kennedy, la política no es como las matemáticas, tampoco lo es la ética. Los matices de una y la profundidad de la otra, hacen que una disquisición no pueda verse en blanco y negro.

 

En esta ocasión, el juicio no sobrepasa el ámbito político, aunque haya elementos abordables desde la perspectiva ética. En líneas gruesas el uso que se ha dado, apunta a resaltar el espíritu  que representa Patricio Aylwin y en ese sentido, su simbolismo, atraviesa un amplio espectro político y sólo es resistido por los extremos.  La intencionalidad con que se hace uso de un legado, por cierto tiene un componente ético, pero quienes lo realizaron, afirman que han apelado a su significado universal.  Sí, hay que conceder un punto, hacer uso de una figura emblemática en un tiempo de campaña sin ser reprobable políticamente, deja un cierto retintín y es una falta de finura ética; empero, los políticos hace rato están alejados de esas delicadezas humanas.

 

Salvador Lanas Hidalgo.

Director académico Escuela de Liderazgo

Universidad San Sebastián

 

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