sábado 19 de octubre, 2019

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Opinión

¿Y la Constitución?

Mario Ríos Santander.       


 Por LESLIA JORQUERA

22-08-2017_19-13-211__MARIORIOS

De partida fue derrotado el cristianismo. De nada sirvió que esta Constitución, que hoy lleva la firma del Presidente Ricardo Lagos”.

Las pantallas repletas de gritos. Activistas de la posverdad, la misma que por tantos años se han manifestado en el mundo occidental, metían miedo. Amenazas, consignas del relativismo, una mal entendida laicidad, carteles, Todos contra el cristianismo. Algunos recordaron a curas encargados por la justicia, (“Todo vale”), otros la libertad de ser y no la que le era concedida por esa misma sociedad despedazada. Se reían del Pastor Soto, otros mostraban el odio, (“el Odio es la principal arma de la revolución”, Che Guevara en carta la Internacional socialista reunida en Budapest 1967…” el odio es más fuerte que una unidad militar, que un carro de asalto, el odio, divide a la sociedad y por su fractura, ingresa la revolución…” terminaba escribiendo desde la selvas de Ñancahuazú en Bolivia).

¿Qué ocurre?

El día que el Presidente Piñera, nombraba a su amiga y consejera por muchos años, María Luisa Brahm, como ministra del Tribunal Constitucional, organismo encargado de vigilar la institucionalidad chilena de los “desbordes” legales o de cualquier otra forma de manifestación, que sea marginal al precepto establecido en la Carta Magna, seguramente hubo entre ambos, un examen valórico, sentido de la historia y esencia de cada capítulo de nuestra Constitución. Supongo que fue así. Más que mal la designación de un ministro por parte del Presidente, es un asunto en extremo delicado porque, al revés del resto, en que existe previamente una comisión que examina al postulante, en este caso, la designación es absoluta y totalmente personal, asumiendo por tanto, las consecuencias de tal hecho. En la resolución del Tribunal Constitucional, que rechazó el requerimiento de inconstitucionalidad presentada por los parlamentarios de Chile Vamos, ella fue en definitiva la que resolvió el rechazo de tal requerimiento, aprobando, en todas sus formas el aborto en Chile.

Surgen decenas de interrogantes. De partida fue derrotado el cristianismo. De nada sirvió que esta Constitución, que hoy lleva la firma del Presidente Ricardo Lagos, además de todo su gabinete ministerial y que ha sido reformada incontables veces, nunca haya puesto en duda aquella disposición que establece la, “protección del que está por nacer”. Tampoco el resto de las disposiciones que defienden a la persona en cualquiera de sus estados de vida. ¿Qué ocurrió entonces?.  Pareciera evidente, que la forma en cómo se constituye el Tribunal, no permite cuidar el valor de tal participación. El solo hecho de que días antes, la prensa adelantara cual sería el resultado de este requerimiento constitucional y se estableciera sobre la imagen de María Luis Brahm un signo de interrogación, ya es suficiente para afirmar que la incorporación de sus ministros, no admite ninguna independencia en sus juicios. ¿Y por qué la señora Brahm era la única que no se conocía su desenlace?, ya lo dijimos, su, designación fue en asunto personal del gobernante. Con ello, y lo dejamos claro, no estamos culpando a nadie, sólo es posible deducir que la forma de constituir el Tribunal es poco creíble y los ministros responden a otros asuntos, generalmente aquellos políticos de su previa designación o de antecedentes de juicios anteriores.

Lo anterior, es para el suscrito una cuestión conocida. Fui ministro del Tribunal Calificador de Elecciones y nunca se puso en duda sus fallos. La razón de ellos, es que cada ministro llegó a través de un sorteo en que figuraba su nombre, nadie lo designó y por tanto, se asumen las funciones en plena libertad, sin compromiso con nadie. ¿No será el caso de optar por una forma parecida en el TC?. Pareciera que sí. De esa forma, la prensa, al menos, no nos habría anunciado con tanta anticipación, el fallo definitivo que instaura el aborto en Chile y de paso, nos habríamos evitado la gritería del miedo.

Mario Ríos Santander.       

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