martes 15 de octubre, 2019

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Opinión

La salud de las abejas amenazada por los agroquímicos

Juan Carlos Plaza González. Médico Veterinario y Apicultor Los Ángeles, Chile


 Por LESLIA JORQUERA

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Para el 16/8, apicultoras y apicultores de la Región de Valparaíso convocan a la primera protesta pública en repudio de las constantes muertes masivas de abejas que año a año se repiten debido al envenenamiento agudo por la fumigación de agroquímicos.

También, buscan enmendar el rumbo legislativo de la futura ley apícola chilena que se tramita actualmente en el Congreso de la República de Chile, en Valparaíso.

Las abejas son esenciales en la productividad de los cultivos agrícolas polinizadores dependientes, pero el mismo sector agrícola está siendo un factor de riesgo externo al rubro apícola, deteriorando la salud y sobrevivencia de las abejas melíferas como de las abejas y polinizadores silvestres. Así lo demuestran cifras de la División de Estadística de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (Faostat).

Chile, en el periodo 1990-2014, incrementó el uso de los agroquímicos en un 396%, sube al 4º lugar el 2014 lejos del 22º lugar en 1990 y es 6,2 veces superior a EEUU en el uso de pesticidas por unidad de superficie de tierra cultivada, valor superior a las 1,1 veces de 1990.

Las malas prácticas en las fumigaciones aumentan el riesgo tanto de las familias de abejas cercanas a los predios agrícolas (motivo de la protesta del 16/8) como de aquellas ubicadas al interior de los predios cuando están polinizando y sufren fumigaciones mientras lo hacen.

La “muerte silenciosa de las abejas” –ausencia de sus cadáveres junto a sus colmenas– es un evento patológico que las abejas comienzan a padecer cuando, en los años 90 del siglo XX, irrumpen los pesticidas neonicotinoides que son consumidos en dosis sub-letales cuando las abejas se alimentan de néctar y polen contaminados con estos pesticidas.

El fenómeno se asocia al desorden del colapso de las colmenas (CCD), diagnóstico que se dificulta por enmascararse con patologías como varroasis, la principal enfermedad de las abejas a nivel mundial, aún sin solución.

Los neonicotinoides actúan irreversiblemente en el sistema nervioso central de las abejas alterando sus impulsos nerviosos; entorpecen su comportamiento, memoria, aprendizaje y habilidades de navegación dificultándoles el retorno a sus colmenas. Debilitan el sistema inmunitario potenciando la aparición de otras enfermedades.

Por su solubilidad en el agua, los neonicotinoides son los pesticidas preferidos para controlar las plagas agrícolas. Se aplican directamente al suelo o recubriendo las semillas; se absorben por las raíces, ingresan al sistema circulatorio de los vegetales, y de ahí al néctar y polen.

Los neonicotinoides son 5.000 a 10.000 veces más tóxicos que el prohibido dicloro difenil tricloroetano (DDT) por su alta toxicidad ambiental y humana. Durante este año, la Comisión del Medio Ambiente del Parlamento Europeo, mantiene la prohibición de uso de los neonicotinoides tiametoxam, imidaclopride y clotianidina, ya sentenciada el año 2015. Investigadores chilenos sugieren la suspensión momentánea de estos pesticidas en el país.

La solución a esto son medidas técnico-científicas y no burocráticas-administrativas que mantendrán el conflicto y la apicultura no es parte de la solución a los problemas indicados.

La futura Ley apícola no sólo debe buscar la “protección” de la apicultura, sino, también, darle “seguridad” a las abejas, conceptos distintos y ambos mencionados por la Organización Mundial de la Salud Animal como partes del Bienestar Animal.
Si la legislación y las ciencias respectivas no resuelven los problemas mencionados, los apicultores no somos responsables de la muerte de nuestras abejas.

Juan Carlos Plaza González.

Médico Veterinario y Apicultor

Los Ángeles, Chile

 

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