miércoles 16 de octubre, 2019

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Opinión

Relevemos el juego en familia

Andrea Saldaña León. Directora de Junji Región del Biobío


 Por LESLIA JORQUERA

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“La primera infancia es, de acuerdo a las neurociencias, el periodo de mayor desarrollo y a su vez el más frágil en nuestras vidas”.

El acceso temprano a la tecnología, como los celulares, tablet o computadores, han incidido en el aumento de actividades de carácter más solitarias, perdiéndose las interacciones sociales creativas y constructivas que se dan en forma natural en los juegos infantiles. Por otra parte, la composición y prácticas de vida familiar y comunitaria se han modificado a lo largo del tiempo, perdiéndose la transmisión cultural de los juegos entre los integrantes del núcleo familiar y en el barrio. Por lo mismo, en el gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet, en la Junji se inició el proceso de relevar el juego en las familias, centros educativos y comunidad en general, como una actividad propia del ser humano cuyo fin es disfrutar y aprender creando. Tal hecho, significó transformar las prácticas educativas, capacitando a los equipos de educadoras y técnicos de educación parvularia, el material didáctico, más metros cuadrados por niño y niña en las nuevas construcciones de jardines infantiles.

Garantizar el derecho a jugar libremente de los niños y niñas se sustenta en esa sensación placentera por vivir que justamente es uno de los primitivos principios del ser humano; es decir, la ejercitación de la propia capacidad de decidir y actuar. La expresión en el juego, provoca un sentimiento de liberación y exteriorización de las emociones y pensamientos más profundos. La dimensión expresiva implica abrirse a las sensaciones, afinar los sentidos despertando la sensibilidad, darse cuenta de lo que se percibe aquí y ahora. Es estar en contacto sensorial actual con los sucesos internos en el presente y el darse cuenta y disfrutar de las fantasías, sin espacio al miedo.

La primera infancia es, de acuerdo a las neurociencias, el periodo de mayor desarrollo y a su vez el más frágil en nuestras vidas, los cuidados son condición innegable en esta etapa en todo sentido, y la necesidad de contar con contextos protectores es vital para el desarrollo de niños y niñas. En este sentido, es importante destacar la ventana de oportunidades que existe en esta etapa, y la necesidad de contar con espacios que logren promover experiencias positivas como jugar,  crear amistades, explorar nuevos espacios, descubrir capacidades y aprender a desenvolverse fuera del núcleo familiar. Nuestros jardines infantiles se han ido construyendo como una oportunidad para niños y niñas de explorar en contextos protegidos, bien tratantes, promoviendo vínculos afectivos a través del juego, lo que favorece la primera socialización después del hogar, y de contar con personas que promueven su bienestar integral. Los primeros vínculos nos marcan la vida para siempre, y la oportunidad de vivir la experiencia de los jardines infantiles abre la posibilidad de socialización con la comunidad y extender el núcleo familiar a un núcleo social, a relacionarse con el entorno y diversificar experiencias.  Nuestra mirada busca promover una educación que va más allá del aula, buscamos avanzar hacia un cambio cultural que releve el juego de niñas y niños y su derecho a ser cuidados con bienestar integral desde la cuna.
Por ello, fomentemos estos espacios, como adultos les cambiará su calidad de vida y se impresionarán de la energía creativa que tienen los niños y niñas porque si no hay tiempo para ello, estaremos bloqueando el impulso inventivo e imaginativo del mayor tesoro de nuestra sociedad.

Andrea Saldaña León.

Directora de Junji

Región del Biobío

 

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