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Opinión

¿Quién es usted, señor Odebrecht?

Mario Ríos Santander


 Por La Tribuna

28-03-2017_22-05-09MARIORIOS

Hemos conocido su nombre de pila: Norberto, y que también inició sus operaciones en la construcción en 1944, hace 73 años. Que hoy vuestro imperio  es administrado por su nieto, Marcelo. Que tiene 40.000 trabajadores, muchos de ellos fieles a su empresa, tanto así que algunos meses atrás usted celebró la permanencia de 1.000 de sus colaboradores, laborando por 30 años en su empresa. En cierta forma es admirable.

Por lo demás, que sus primeros negocios en infraestructura, todos en Brasil, surjan de una familia con 15 hermanos, hijos de un emigrante alemán que fue cautivado por el país de cariocas y paulistas. Todo bien…¿pero era necesario comprarse a los presidentes, y más delicado aún, a los gobernantes perteneciendo a un mismo partido político? ¿Quién le dio la idea, o lo viene haciendo hace ya varios años y pasaba desapercibido? Misterio.

Los chilenos nos pusimos nerviosos cuando apareció muy campante la presidenta de Brasil, señora (¿o señorita?… otro misterio), Dilma Rousseff, un par de semanas antes de que el parlamento brasileño la destituyera por sus muchos escándalos, algunos de ellos vinculados a su antigua presidencia en Petrobras que, por lo que hemos conocido ahora, es aparentemente segundo brazo operativo de la constructora Odebrecht en el listado de corrupciones latinoamericanas.

¿A que vino Dilma? ¿A salvar a Lula? ¿Nombrarlo embajador en Chile y de esa forma se escapaba de los jueces brasileños? Para nuestra Michelle esto era un saco de plomo y no lo aceptó. Muy socialista es, pero su “pellejo” tuvo más valor que el de Lula, hoy a punto de caer en la cárcel.

Hoy se anuncia la vuelta a casa de “Acciona”, denunciada por Alejandro Sáez en su oportunidad, empresa española repleta de cuestionamiento en la construcción de la autopista Coronel-Cerro Alto. Bajo el alero de otro socialista, Osvaldo Puccio (su hermano, médico de Michelle), quien fuera embajador en España ganaba una concesión vial en extremo atractiva.

Sin embargo, anunciando su disposición a vender “el negocio araucano” en un valor muy mayor al invertido a partir de 2009, surge la noticia no esperada: Odebrecht también está detrás de Acciona. Y claro, suena lógico: otro gobierno socialista, Zapatero, da rienda suelta a Acciona con otro socialista a la cabeza en un gobierno socialista. A lo mejor es una simple coincidencia ¿pero… tanta?

Mi interlocutor, en aquella reunión social, encontraba cierta resignación recordando que “…al menos Soquimich repartía por igual a todos” y exclamaba con ánimo patriótico que “los chilenos éramos más ‘prudentes’, en cambio Lula y sus boys se llevaron todo lo de este Obredecht..”. Y quedaba muy conforme.

Hoy la situación de los socialistas en América y el mundo está en extremo complicada. Su “alma máter” contemporánea, Venezuela, es un desastre. A Lula lo veremos pronto en la cárcel, lo mismo a Cristina de Argentina. A Toledo en Perú lo buscan con la Interpol y Correa en Ecuador anunció que si pierde, “le quitaremos el gobierno antes de un año” al contrincante.

Dilma, por su parte, perdió todo. ¿ Es que Obredecht “invirtió” mal, o lo venía haciendo también con otros personeros de gobierno, más allá de los socialistas? Misterio. No existe en la historia un continente completo envuelto en tanto escándalo en un periodo tan definido políticamente. Por ello, no llama la atención al leer en la bitácora de Obredecht que ganó 500 licitaciones en un año, casi dos diarias, adjudicándose 25.000 millones de dólares, el 40% del presupuesto del gobierno de Chile. Entonces, había para repartir.

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