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Opinión

Donald Trump, Presidente Nº45 de EEUU

Fernando Wilson Facultad de Artes Liberales Universidad Adolfo Ibáñez


 Por La Tribuna

23-01-2017_21-10-37fernandowilson

Trump ciertamente está muy lejos de representar el arquetipo del líder norteamericano que imaginaba, por ejemplo, Alexis de Tocqueville en su Democracia en América, pero las expresiones en su contra hacen dudar, realmente, si los que las expresan son realmente demócratas.

 

El juramento de Donald Trump como Presidente Nº45 de los Estados Unidos ha generado una serie de circunstancias particulares. Nadie discute que sus propuestas son cuando menos polémicas, y que su uso indiscriminado de las redes sociales le ha hecho pasar más de algún bochorno y abre enormes dudas sobre lo que realmente hará una vez que esté en el poder efectivamente.

Pero, más allá de esas dudas y el rechazo que suscitan muchas de sus expresiones, el hecho es que fue elegido por un sistema democrático que ha funcionado en los Estados Unidos desde el Siglo XVIII. Que el Presidente electo no sea del gusto de muchos no obsta a que fue legítimamente elegido por las Instituciones democráticas de dicho país. Resulta, así, complicado ver como diversos grupos sociales se organizan, desde el “Star System” hasta diversos grupos artísticos, con el propósito declarado de obstaculizar su acceso al Poder.

Algunos carteles que se veían en las calles de Washington DC hablaban explícitamente de impedirle acceder al cargo. Una aproximación así es incluso más peligrosa que cualquier cosa que Trump pueda hacer en el ejercicio de su nuevo cargo, pues implica que grupos específicos, sin más representatividad que la propia, se arrogan el derecho de otorgar o, en este caso, negar, la legitimidad democrática de un Presidente elegido legítimamente. Esto no alude al ejercicio de la oposición, que es fundamental a un sistema democrático, sino el de directamente atacar desde fuera de las Instituciones a un proyecto de Gobierno por el mero hecho de ser ejercido por alguien a quien no se le está dispuesto a acordar las reglas de la participación democrática y reconocer el mérito de haber ganado legítimamente una elección.

Las implicancias a un mundo Orwelliano en este caso son demasiado cercanas, y nunca es más apropiado recordar las palabras atribuidas a Voltaire, en el sentido de no estar de acuerdo con las ideas de alguien pero estar dispuesto a dar la vida por defender el derecho a expresarlas.

Trump ciertamente está muy lejos de representar el arquetipo del líder norteamericano que imaginaba, por ejemplo, Alexis de Tocqueville en su Democracia en América, pero las expresiones en su contra hacen dudar, realmente, si los que las expresan son realmente demócratas. Si cuando gobierna alguien con quien no están de acuerdo están dispuestos a atacar al sistema que dicen proteger, algo no está funcionando bien. Huelga decir que podemos extraer muy valiosas lecciones de esta situación para nuestro propio caso nacional.

 

Fernando Wilson

Facultad de Artes Liberales

Universidad Adolfo Ibáñez

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