jueves 12 de diciembre, 2019

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Opinión

Palabras para ustedes, Nemüil eimn meu

Ives Ortega Poeta


 Por LESLIA JORQUERA

29-12-2016_20-47-02IVESORTEGA

 Pero los tentáculos de Villalobos nos alcanzaron a todos, sin distinción económica, religiosa, política, incluso tocó suavemente la puerta de la Moneda, desde donde la Presidenta defiende los “Valores Patrios”.

 

Una serie de volúmenes bibliográficos han redundado en la historicidad de los niños y niñas en las escuelas en este país; la visión conservadora y cruentamente bélica ha venido luciendo arengas por un simbólico “Valor Patrio”; desde “La Araucana” de Ercilla, se ensalza el espíritu y valentía de los invadidos, destacándose el Toqui Caupolicán como un joven valiente, mito que se fue deformando después de su muerte, en ese incesante atraco pacotillero de parte de la corona española, desde la llamada Conquista, similar a como posteriormente sucedió con el mestizaje.

“Ahora son los propios chilenos los que les quitan su pan”, en el canto, Violeta Parra, deja ver los esfuerzos que hacen pronto los historiadores por justificar la constante del saqueo. Sergio Villalobos, el padre de muchas generaciones, como la nuestra, es un triste ejemplo de aquello, a través de su incidencia en los textos escolares ha sostenido una acentuada hipótesis racial. Fue por aquello que, bajo la Dictadura, el Ministerio de Educación patrocinó todos sus estudios, con toda esa carga de manías contra el pueblo mapuche que hablaban de la existencia de sujetos, que eran araucanos, mestizos, borrachos, sucios, envidiosos, ladrones, flojos, entre otros epítetos, -todos prejuicios- los cuales instruyeron nuestras infancias, favoreciendo y justificando así la barbarie del despojo.

Dice Villalobos: “Los Araucanos, poseían vastas extensiones de tierra y ocupaban cortos espacios junto a las rucas, para la nación de Chile esto era un desperdicio, que debía ser superado, los mapuches no merecían las tierras que tenían”. De esta manera nos dirigió régimen, favoreciendo el empobrecimiento y la marginalidad de la población originaria que desperdigada y apiñada resiste junto a otros mestizos -como yo- por esa cuota de “Caupolicán que llevamos dentro”. Hubo que empezar después de los doce años de instrucción, escudriñando todo vestigio de voluntad e incluso en la evolución política y social, para recrear aquello que por tanto tiempo me fue negado, busqué por esos oscuros y fríos escondrijos donde los tratados oficiales dan cuenta,  de cómo opera la infamia y sus leyes. Con el tiempo, también he buscado en el relato de aquellos peñi –hermano- y lamngem -hermana- rescatados por el diálogo de la memoria, de una Quimche, en el Chraun, en el peuma, en el diálogo con el Lonko, en la instalación del Rehue, en oración con la Machi.  Ayer estuve reunido en un Nguillatún, contemplé el orden de los preparativos, los Conas -atentos al enemigo-, el fuego, el compartimento de los alimentos, la voz de los que alientan, la fuerza de los que bailan.

Aquí me encontré con mis hermanos Pewenche, la mayor parte de ellos, vienen desde el norte, laburando como temporeros en condiciones de esclavitud. Poniendo en sacrificio sus vidas, para reencontrarse con sus ancestros. Lo mismo sucede con los peñi y lamngem en todo el Wallmapu. Pero los tentáculos de Villalobos nos alcanzaron a todos, sin distinción económica, religiosa, política, incluso toco suavemente la puerta de la Moneda, desde donde la Presidenta defiende los “Valores Patrios”, de la Ley de Seguridad Interior del Estado, que tiene prisionera y en huelga de hambre a la Machi Francisca Linconao  Huircapan, patrimonio en la prolongación espiritual y médica del pueblo que acude a ella, “reconocimiento que hace el propio Servicio de Salud Pública, al contratar consultas médicas con pertenencia.

Una más de las contradicciones cuando incluso desde el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, se vocifera “Ni una Menos”.

Ives Ortega

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