jueves 19 de septiembre, 2019

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Opinión

El valor de saber apreciar el regalo de un adolescente

Roberto Sepúlveda Yévenes, psicólogo y académico de la Facultad de Psicología, Universidad San Sebastián


 Por Zazil-Ha Troncoso

25-12-2016_18-57-46RobertoSepúlveda

Estamos en época de Navidad, un momento del año lleno tanto de significados como de expectativas al interior de las familias. En particular, en el fin de semana que recién pasó y en estos días, cada cultura familiar puede expresar, a través de sus conductas y acciones, las creencias y motivaciones más profundas respecto al sentido de estas festividades.

Así, encontraremos grupos que vivirán con un sentido reflexivo y de profunda espiritualidad este momento, como también podremos observar a otros que experimentan este instante de manera diametralmente opuesta o incluso sin un sentido particular, más allá de ser un día común y corriente.

En este espectro de diversidades y colores se puede, sin embargo, encontrar algo común: la importancia de estar junto a quienes queremos y con quienes deseamos compartir nuestro tiempo y anhelos. Las festividades nos pueden dar la posibilidad de mirarnos y reconocer, en cada uno de los integrantes de la familia, el paso del tiempo, los éxitos y fracasos, pero por sobre todo, lo que hemos aprendido en la vida  familiar.

En particular para los adolescentes, la Navidad es un momento en que pueden expresar a cada integrante de su familia sus particularidadesal vivir el sentido de las festividades. En cada obsequio, los adolescentes suelen colocar ingenio y creatividad, especialmente cuando el presupuesto es escaso.

En esta época el adolescente vuelve a  pensar en los suyos, en su familia y en su origen, suele sacar por un instante su mirada desde su interior egocéntrico y situarse en el otro, para pensar qué podría agradar, especialmente a sus padres y/o adultos significativos. Se movilizan, entonces, los sentimientos más nobles, como también los más conflictivos. La pugna de emociones a nivel interno se desata con gran intensidad.

Cuando las cosas psicológicas marchan bien a nivel de la construcción de la identidad, un adolescente puede llegar con un regalo, que siempre es producto de una emoción buena, es decir, aquella donde el amor y el interés por el otro logran superan al resentimiento, la confusión y la falta de tolerancia.

El adolescente siempre está, en algún nivel de su mente, en pugna entre construir y destruir, entre aceptar y rechazar, entre el amor y el odio hacia quienes representan la autoridad.

Así, cada regalo de un adolescente, en especial hacia sus padres y hermanos, representa un logro psicológico, pues se puede pensar que ha logrado ordenar en importancia las emociones, colocando la agresión bajo dominio del amor.

Esto no es un evento menor, pues durante la adolescencia este logro toma años, junto con poder reparar genuinamente el daño causado.

La invitación es a pensar en obsequios con sentido y personalizados para el otro, pues suelen tener gran impacto en el desarrollo de los vínculos. Estos regalos estimulan un sentimiento que siempre deberíamos tener, como es agradecer a quien piensa en nosotros, deseándonos lo mejor para nuestras vidas. Aquello siempre resulta un buen eje para construir relaciones familiares y personales más saludables. 

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