lunes 16 de septiembre, 2019

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Opinión

Cierre Año de la Misericordia

Natalia Arévalo Profesora Vocera de Fundación Voces Católicas


 Por LESLIA JORQUERA

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El Papa Francisco,  hace unas semanas, acaba de clausurar el Año Santo de la Misericordia, marcado por sus potentes gestos como los realizados los días viernes donde visitó a los inmigrantes en Lesbos, personas enfermas, alcohólicos y drogadictos, entre varias otras obras.

Cuando se termina una etapa, comienza el momento de evaluar la experiencia: tomamos el pulso a cuánto hemos crecido, revisamos aquellos aspectos que podrían haberse mejorado y renovamos la esperanza para el futuro, fijando metas que ordenen nuestros propósitos. Es precisamente ésta la experiencia de tantos católicos que estamos cerrando el año de la Misericordia, tomando conciencia (en mayor o menor medida) de todo el bien recibido, pero también de todo el bien que queda por hacer. ¿Cuáles son las imágenes que volvemos a pasar por el corazón? Algunos recordarán el indulto recibido por los detenidos en Cuba; otros pensarán en los ejemplos de vida de tales o cuales personas que viven al servicio de otros, en lo cotidiano o cruzando fronteras para construir un mundo más justo. Pero sobre todo es bueno reconocer que en la raíz de ellos se encuentra la conciencia de que la misericordia en la que creemos es una gracia que se manifiesta por el movimiento, por salir al encuentro de otros tal como Dios ha salido al encuentro nuestro. Y al finalizar este jubileo, la palabra que ha quedado en el centro del acontecer cristiano es justamente “misericordia”.

Gabriela Mistral dijo alguna vez que la humanidad es algo que necesita ser humanizado. A la luz de las palabras de nuestra poeta sería bueno reflexionar ¿hemos hecho de Chile y de nuestro entorno un lugar más humano? Si la respuesta es no, es hora ponerse en movimiento, que las oportunidades de vivir para otros son perennes y se renuevan con cada mañana. Si hemos respondido afirmativamente, renovemos las fuerzas, porque este año jubilar ha acabado, pero sabemos que la vocación cristiana es amar todos los días de nuestra vida.

Natalia Arévalo

Profesora

Vocera de Fundación Voces Católicas

 

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