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Opinión

Reajuste del sector público

Renato Segura, Cerregional.cl


 Por La Tribuna

17-11-2016_21-18-03RenatoSegura

El triunfo del ministro de Hacienda frente al manejo deficiente y sin contrapesos del equipo político del gobierno llegó de la peor forma posible. Ha recibido la ira y los insultos de los empleados públicos y la crítica de sectores de gobierno por su intransigencia en el 3.2% de reajuste del sector público.

La política, lejos de calmar los ánimos, ha optado por atizar las diferencias internas y por deslizar soluciones populistas (como el ajuste de la dieta parlamentaria, por ejemplo).

Mientras todo ello ocurre, la máxima autoridad viaja fuera del país, dejando un servicio público paralizado y con la angustia instalada en los usuarios más vulnerables, cuya calidad de vida depende, en gran medida, del atributo y oportunidad de los servicios que le entrega el Estado.

Sin pretender justificar la postura asumida por el ministro de Hacienda frente al reajuste del sector público, es saludable hacer un repaso exprés del estado actual del presupuesto del erario nacional frente a las obligaciones que debe enfrentar durante el año venidero.

En lo que respecta a los ingresos, el presupuesto del sector público contempla un modesto aumento de 2.7% (sinónimo de responsabilidad fiscal), un desfavorable escenario en el precio del cobre (el sueldo de Chile) y un moderado comportamiento en el crecimiento de la actividad económica (base para la recaudación de impuestos).

En contrapartida, existe una alta presión para cumplir con los compromisos asumidos en la reforma educacional (gratuidad universal), salud (que tiene un forado gigantesco en deudas de arrastre), seguridad y política social (ambos claves para enfrentar un año de elecciones).

Si a todo lo anterior se suma el compromiso del ministro de Hacienda de mantener bajo control el déficit fiscal -el cual ya se estima en un 3.3% para el año 2017-, el reajuste del 4% solicitado por los trabajadores fiscales desmorona la estrategia de Hacienda y, de paso, poniendo en entredicho el prestigio del manejo económico del gobierno en Chile.

A estas alturas del partido es difícil anticipar el resultado final de la negociación en el sector púbico. Lo único claro es que, sea cual sea el resultado, la indignación social y la desconfianza será la cosecha más abundante de la actual coyuntura.

Lo que se inició como una transformación profunda con gobernabilidad, a este paso se está transformando en otro de los fiascos que registra la historia de Chile, con cargo al esfuerzo de las futuras generaciones para salir del subdesarrollo.


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