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Opinión

“Liceo de Hombres”. Ni uno menos: A las viudas, hijos e hijas, padres y madres que perdieron a sus familiares, actualmente detenidos desaparecidos

Ives Ortega


 Por La Tribuna

17-11-2016_21-20-48IVESORTEGA

Persiste el edificio, no así la memoria. No están los abuelos, ni las abuelas, ni los padres, ni las madres para que te lo recuerden, no está la voluntad para reconocerlo, pero aún persisten las huellas en los muros, las salpicaduras de sangre, la radio con el volumen en alto para enmudecer los gritos, el aroma ácido en las escaleras por donde hoy recorro con mis hijos -es a Nicanor a quien le pesan los pies para subir peldaño a peldaño-, ahora examina en una puerta que se ve como hechizada, el robusto pasamanos permanece impávido frente a ser otro ayer, entre culatazos, la madera resiste todo; cada interrogatorio, cada orina, cada venda en los ojos, cada desfile a empujones y escupitajos.

 

Fueron  campesinos, dirigentes, profesionales, amigos de la infancia, ahí también caía prisionero el profesor de los dedos albos por la tiza en los pizarrones; fue así como esta vez las salas de clases se usaron como celdas. La madera comenta, hay mucha gente aquí dentro, saludan de buenas tardes los niños -la brisa corre por los pasillos husmeando de vez en cuando-.

 

Es aquí donde reposan otros vestigios, que se suman a otros de épocas pasadas; cuando correteaban las muchachadas por los pasillos, también sirvieron de depósito humano, donde dormitaron como pucho, botados, húmedos y nerviosos -Elena y Nicanor acuden a clase de música, cada uno porta una flauta dulce-.

 

Una vez boquiabiertos por la sed y el hambre de días los bajaban al galpón, de ahí salieron heridos, desechos e inciertos. Hoy Nicanor, el menor de cinco años, se busca entre una maqueta de un edificio, observa cada rincón, pregunta “de qué se trata”, “ese será el nuevo Centro Cultural de esta ciudad”, le contesto.

 

Heriberto Rivera Barra, 47 años, tipógrafo, al momento de su detención se encontraba postrado en cama con traumatismo encéfalo craneano (TEC). A su cónyuge le informaron en la Comisaría Sur que había sido llevado al “Liceo de Hombres”, lugar en el cual fue negada su detención; la autoridadpolicial señaló que “Ribera Barra se ha ido del país hacia la República Argentina”.

 

La comisión investigadora se formó la convicción de que fue efectivamente arrestado por agentes del Estado y conducido por ellos a algún lugar donde se produce su  desaparición y suerte final. “Papá te equivocas, esta es la maqueta de una cárcel”, “¿por qué dices eso, Nicanor?”, “fíjate bien, ahí pusieron un policía”. ¿Qué hace un policía en un Centro Cultural? Hubo mucho frío ese septiembre, ese tiempo aquel de reclusión donde se roían las orejas, pronto hasta los tímpanos se pondrían de rodillas.

 

Los antecedentes coinciden en señalar que al interior del Liceo de Hombres los prisioneros eran mantenidos en condiciones de hacinamiento en salas de clases, privados de agua y alimento, sin derecho a ir al baño -las condiciones eran insalubres-. Se les impedía dormir, ya que eran llevados durante la noche al patio para torturarlos,siendo un número indeterminado de personas las que pasaron por este sitio. Los niños a esta hora acuden junto a otros niños a clases de música.


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