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Opinión

El Sename: La casita del horror (Parte I)

Francisco Muñoz Almendras Ciudadano


 Por La Tribuna

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¿Por qué no se actuó antes? ¿Por qué se tuvo que esperar a que explotara la olla, para recién comenzar a hacer algo?

 

La muerte de la pequeña Lissette Villa en el Centro Galvarino en Santiago, ha mostrado la punta del iceberg de la profunda crisis que hoy vive el Servicio Nacional de Menores, la cual se hizo más compleja aun cuando el 11 de julio pasado, el diputado Saffirio reveló que 185 niños han muerto en la institución, desde 2005 hasta mayo de 2016, información que obtuvo tras solicitarla vía Transparencia. De ellos, 15 habrían fallecido en 2010. Las condiciones económicas y de infraestructura dentro de la institución, son gravísimas y que se arrastran desde más de una década y que no han sufrido muchos cambios. Desde el punto de vista monetario según Mario Solar, educador por 6 años en el Centro de Internación Provisoria y Régimen Cerrado de Coronel, el Estado entrega 40 mil pesos anuales para realizar talleres de ayuda a los hogares que cuentan con un menor dentro de la casa del Sename. Es difícil de creer que con 40 mil pesos anuales se pretenda desarrollar un taller para poder educar a una familia con menores en riesgo social, y donde muchos se encuentran con adicciones tanto al alcohol como a las drogas, así como también menores con antecedentes de abuso sexual, suicidio y de trastornos psiquiátricos.

Otro dato no menor es la visita que realizó la Comisión Interinstitucional de Supervisión de Centros (CISC), presidida por la seremi de Justicia, en octubre de 2015, a los recintos administrados por el Sename, en donde se constató que en el centro de Coronel los dormitorios son compartidos, hay baños sin agua, los detectores de humo no operaban, el sistema de iluminación nocturna es deficiente, entre otras cosas. Esto, amplificándolo a nivel de país, es de manera resumida la situación compleja que vive el servicio nacional de menores, en donde a causa de todos los factores que menciono, se llega a la premisa más importante de toda esta situación: La evidente violación de los Derechos del niño, a los cuales, el Estado de Chile se comprometió a defender. Pero esto no es sólo una falta de compromiso grave por parte del Estado de Chile con la defensa de los derechos del niño, sino que también es una falta nuestra como sociedad, ya que han tenido que ocurrir muertes para recién ahora, intentar hacer algo.

¿Por qué no se actuó antes? ¿Por qué se tuvo que esperar a que explotara la olla, para recién comenzar a hacer algo? El juicio político quedará en manos de los entendidos en el tema, y los responsables, deberían – en teoría – quedar en manos de la justicia.

¿Qué hacer?, difícil pregunta. Pero lo que se debiese hacer, es que esta situación sea asumida primeramente como un asunto de Estado, en donde todas las fuerzas sociales, políticas y técnicas participen en lo que debiese ser la modernización del servicio nacional de menores, este es un tema que nos compete a todos como sociedad.

Dividir en dos focos de acción en el Sename: un foco preventivo y otro netamente intervencionista.

Desde el punto de vista preventivo, se debiese crear un Ministerio de la Infancia, el cual debiese estar totalmente coordinado con otros ministerios como el de Educación, Salud, Mujer, Trabajo y Justicia para poder prevenir que los niños entren en riesgo social y que conlleve a una posterior derivación a un centro del Sename. No hay que olvidar que el foco preventivo no sólo se debe limitar a que un padre esté sin trabajo y opte por delinquir, o que una familia disfuncional esté sumida en las drogas o el alcohol, sino que también el contexto donde esta familia se desenvuelve, ya que no resultaría útil intervenir una familia, si la realidad social donde esta se desenvuelve le es desfavorable. Es aquí donde la asistencia social debe ser incisiva, prolija, ya que son ellos los que determinan el riesgo en el que se encuentra una familia, junto en coordinación con equipos multidisciplinarios de Salud, específicamente de los Cecosf.  Es aquí donde se hace un grave llamado de atención al Estado, ya que el hecho de que exista una familia disfuncional y un menor en el Sename, no es más que un síntoma muy latente de las desigualdades que existen en nuestro país y que deben comenzar prontamente, a solucionarse. No olvidemos finalmente, que la prevención, especialmente en el ámbito de la salud, es más viable en el sentido costo-efectivo para el Estado y para la sociedad en general.

Francisco Muñoz Almendras

Ciudadano

 

 

 


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