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Opinión

¿Y cómo seguimos?

Mario Ríos Santander


 Por La Tribuna

01-11-2016_19-49-01MARIORIOS

Pocas veces los perdedores han sido tan sinceros. La Nueva Mayoría, con una mansedumbre desconocida, reconoció su derrota y lo expresaron… salvo el Partido Comunista, hasta ahora el responsable principal del fracaso, que ha mantenido un silencio absoluto. Debe ser porque esto de caminar mirando el futuro por el espejo retrovisor, definitivamente no resulta.

Nuestra Michelle sintió el resultado electoral adverso al observar que los invitados a su casa no llegaron. Fuera de ser una falta de respeto evidente, la foto principal del momento, con toda la Nueva Mayoría presente, debió ser reemplazada por otros, gente de la calle, funcionarios menores de La Moneda que, desordenadamente, se instalaron, a la voz de los publicistas, en el escenario previsto para DC, PPD, PS, PRSD, PC. Después bebida, un emparedado y hasta luego. La mandataria se alejó con el rostro desfigurado, seguramente dolida por la soledad en que se encontraba.

¿Qué había ocurrido?

La amenaza de un triunfo de Chile Vamos ahora estaba ahí, en el Palacio mismo. Los 90.000 contratados por Michelle, personas que reciben el pago por su lealtad política y nada más, se pusieron nerviosos.

Los más ubicados, hoy cubriendo embajadas, directorios de empresas del Estado, jefaturas de servicios públicos, hicieron sonar los teléfonos de cuanta ONG tuvieron a su alcance. No podían dejarlos sin trabajo.

El único que no se inmutó fue Máximo Pacheco, hoy oficiante de jefe de campaña de Ricardo Lagos porque, como buen socialista de las altas esferas, se acomoda en el directorio del Banco de Chile.

No se pierde una, a pesar de la desafortunada opinión que entregó a la prensa dos días antes de las elecciones señalando que “vengo donde Lagos, porque es el continuador del gobierno de Bachelet…”. Lagos bajó tres puntos inmediatamente en las encuestas.

La derrota de la Nueva Mayoría se gestó el mismo día que la presidenta anunció el término de la Educación Particular Subvencionada. Nunca superó el 25% de apoyo en encuestas, y la desilusión de la clase media, que había visto en el colegio particular subvencionado una alternativa de ascenso social, fue plena, absoluta.

La Nueva Mayoría, con Michelle incluida, perdía el capital electoral que meses antes había ganado y no se volvería recuperar nunca más. El problema es ¿cómo se termina un gobierno fallido, un Congreso fallido, que le brindó mayoría para todo su “programa”? ¿Qué se hace con Walker, presidente DC, que declaró “no haber leído el programa”? En realidad es una cuestión dramática porque esto no tiene vuelta atrás, salvo que Lagos volviera a levantar los ánimos, pero con Pacheco de generalísimo, lo dudo.


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