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Los Ángeles

Actitud profesional

Alejandro Mege Valdebenito


 Por La Tribuna

03-10-2016_20-09-17alejandromege1

La actitud profesional puede hacer la diferencia ética.

Involucrado en  la elaboración de la malla curricular de una carrera profesional de educación, en el diseño de las asignaturas que la compondrán, propusimos agregar a la asignatura de “Ética” (así, con mayúscula) el concepto de  “actitud profesional”, que es la forma  cómo se actúa (a diferencia de aptitud que es la capacidad para realizar una actividad determinada). Se nos dijo que Ética involucra la actitud profesional no solo en educación, sino que en todas las profesiones. Que sería una redundancia hacerlo.

Si bien se estima que agregar a la Ética, la expresión “actitud” en la formación docente parecería hasta una falta de respeto hacia quienes desempeñan la profesión, la experiencia nos indica la conveniencia de reafirmarlo puesto que los distintos códigos de ética no  siempre consiguen la “actitud profesional” esperada, que es reconocer que los atributos que se asignan a quien desempeña una profesión determinada son los mismos que se deben demostrar en la práctica de la actividad desempeñada. Es asumir que es la actitud y no el título  lo que proyecta la imagen real de la profesión que se practica. Es la actitud de “hacer lo que se debe y comprometerse con lo que se hace” lo que hace creíble al desempeño profesional, permite mejores resultados y que puede ser un modelo digno de ser  imitado.

A través del tiempo, pensadores, filósofos, psicólogos, investigadores, educadores  y especialistas de todo tipo, han elaborado – más que para ninguna otra profesión- extensas y detalladas características de los más variados aspectos que deben adornar a quienes  merecen ser considerados profesionales de la educación, que son tan rebuscadas y exigentes que resultan casi imposibles de reunir en un solo individuo que proviene y vive en el mismo mundo real que todos.

De las decenas de características que se estima que debiera tener un profesional de la educación, algunos expertos la simplifican en cinco: sentido del humor (incluso para reírse de sí mismo); naturalidad y autenticidad; positivismo; sensibilidad y prudencia. Agregaríamos, para los tiempos que vivimos: honestidad.

Al proponer la asignatura de Ética y actitud profesional en los planes de formación de profesores pensamos en la actitud como la forma en que deben enfrentar los docentes el cumplimiento leal y escrupuloso, con decisión y firmeza, los deberes propios de la profesión, así como de los desafíos que presenta una sociedad donde los valores humanos tienen un precio y una juventud que responde menos a los estímulos y ejemplos de la familia y del sistema escolar y más a una sociedad regida por la tecnología y el goce de los sentidos, donde muchos jóvenes –y los no tanto- buscan alcanzar el éxito económico y social de la manera más rápida posible, no importando mucho cómo. La actitud profesional puede hacer la diferencia ética.

Alejandro Mege Valdebenito

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